Metrobus y Metrorail pasarán de $2.25 a $2.75 el 1 de enero; ahora la Comisión también estudia terminar con la gratuidad del Metromover
MIAMI, Reporta.news— Mientras gobiernos como el de Nayib Bukele en El Salvador han convertido la austeridad y el control del gasto público en parte central de su discurso administrativo, en Miami-Dade la solución encontrada para mantener funcionando parte del sistema de transporte público será otra: cobrarles más a los pasajeros.
La Comisión del Condado aprobó este martes, por 9 votos contra 4, aumentar en 50 centavos la tarifa regular del Metrobus y Metrorail, que pasará de los actuales $2.25 a $2.75 por viaje a partir del 1 de enero de 2027.
Puede parecer apenas medio dólar. Pero porcentualmente representa un incremento de aproximadamente 22% de una sola vez, y recaerá principalmente sobre quienes dependen diariamente del transporte público para llegar al trabajo, estudiar o realizar sus actividades cotidianas.
Y hay otro elemento que seguramente provocará debate: el Metromover también podría dejar de ser gratuito.
La Comisión instruyó a la alcaldesa Daniella Levine Cava a presentar un plan para comenzar a cobrar por utilizar el sistema automatizado que recorre Downtown Miami, Brickell y otras zonas del centro. Sin embargo, es importante aclarar que el cobro del Metromover todavía no ha sido aprobado. Para que eso ocurra tendría que presentarse una propuesta y ser sometida nuevamente a consideración de los comisionados.
EL PRIMER AUMENTO EN 13 AÑOS
Miami-Dade no aumentaba la tarifa básica de Metrobus y Metrorail desde 2013. Actualmente el precio regular continúa oficialmente establecido en $2.25 por viaje.
El argumento del Condado es que los nuevos ingresos permitirán recuperar una parte de los servicios que habían quedado amenazados por los recortes presupuestarios.
De acuerdo con la información divulgada tras la votación, el dinero adicional permitirá revertir una parte importante de los recortes de autobuses incluidos en el presupuesto de 2027, incluyendo la restauración de servicios nocturnos y evitando la eliminación de varias rutas.
La alcaldesa Levine Cava defendió la medida calificando el transporte público como un servicio esencial para quienes dependen de él.
Pero existe otra forma de analizar la decisión.
Antes de pedirle más dinero al usuario, ¿se agotaron realmente todas las posibilidades de reducir gastos administrativos, eliminar ineficiencias y encontrar ahorros dentro de un presupuesto multimillonario?
Esa es una pregunta legítima que los contribuyentes tienen derecho a formular.
50 CENTAVOS QUE SE VAN SUMANDO
Para una persona que utiliza Metrobus o Metrorail dos veces al día, cinco días a la semana, el incremento significa:
$1 adicional diario, $5 semanales y aproximadamente $260 adicionales al año, suponiendo 52 semanas de utilización.
Para una familia con dos trabajadores que dependan diariamente del transporte público, el impacto podría rondar los $520 adicionales anuales.
No es una fortuna para el presupuesto del Condado, pero sí puede representar una diferencia para familias que simultáneamente enfrentan alquileres elevados, seguros, alimentos, electricidad y otros gastos cotidianos.
Ese es precisamente el problema de analizar un aumento únicamente desde la perspectiva gubernamental. Para el presupuesto público son 50 centavos; para el ciudadano es otro aumento que se suma a muchos otros.
¿Y AHORA EL METROMOVER?
La posibilidad de comenzar a cobrar por el Metromover resulta particularmente significativa.
El sistema, que conecta Downtown, Brickell y Omni mediante 20 estaciones, ha funcionado gratuitamente durante más de dos décadas. Documentos oficiales del Condado señalan que el servicio gratuito comenzó en 2002, como parte del People’s Transportation Plan aprobado por los votantes.
Precisamente por ese origen, cualquier propuesta para comenzar a cobrar merece un análisis especialmente cuidadoso.
El Metromover fue concebido como una herramienta para facilitar la movilidad dentro del núcleo urbano, conectar pasajeros con Metrorail y Metrobus y reducir la dependencia del automóvil en una de las zonas más congestionadas del condado.
Convertirlo nuevamente en un servicio pagado puede producir ingresos, pero también plantea una pregunta: ¿podría desincentivar el uso del transporte público precisamente cuando Miami-Dade necesita reducir la congestión vehicular?
CUANDO EL AHORRO NO PARECE SER LA PRIMERA OPCIÓN
Aquí es donde resulta inevitable recordar una filosofía administrativa frecuentemente asociada al presidente salvadoreño Nayib Bukele: cuando se administra con austeridad y se eliminan gastos innecesarios, el dinero público puede rendir mucho más.
Miami-Dade parece haber escogido, al menos en este caso, un camino diferente.
Ante la posibilidad de eliminar rutas y reducir servicios, la Comisión decidió generar más ingresos aumentando las tarifas.
Puede argumentarse que después de 13 años sin incrementos algún ajuste era inevitable. La inflación acumulada, los salarios, combustible, mantenimiento, seguridad y costos operativos son hoy considerablemente mayores que en 2013.
Ese argumento merece ser reconocido.
Pero también es razonable exigir que antes de aumentar el precio al pasajero se explique con absoluta transparencia qué gastos se redujeron, qué programas administrativos fueron revisados y cuánto dinero podría haberse ahorrado antes de recurrir al bolsillo del usuario.
Porque aumentar una tarifa siempre es relativamente sencillo.
Encontrar 50 centavos adicionales dentro de un gigantesco presupuesto gubernamental puede resultar mucho más difícil políticamente, pero debería ser parte del mismo debate.
A partir del 1 de enero de 2027, quienes utilizan Metrobus y Metrorail tendrán que buscar esos 50 centavos adicionales.
Ahora corresponde a Miami-Dade demostrarles que, antes de pedirles ese sacrificio, el gobierno también hizo todo lo posible por ahorrar los suyos.
FOTO: Reporta.news S.I.


