A mediados de 2024, el sur de Florida experimentó una ola de lluvias torrenciales vinculada a condiciones extremas del clima. En junio, fuertes aguaceros golpearon el área de Miami generando inundaciones repentinas en avenidas y vecindarios bajos. Meteorólogos atribuyeron estos eventos a la atmósfera cálida y húmeda sobre la región, con un nivel de vapor de agua 7% superior al promedio histórico, favorecido por el calentamiento global. Los datos indicaron que las precipitaciones en algunos días superaron dos veces la norma estacional, provocando daños en cultivos y viviendas en áreas rurales cercanas.

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