Miami, Reporta.news— La situación económica de Cuba atraviesa una fase que varios expertos califican como potencialmente la más grave desde 1959. Un nuevo informe, respaldado por análisis de economistas dentro y fuera de la isla, advierte que la combinación de una crisis energética profunda, inflación descontrolada y deterioro de los servicios públicos está empujando al país hacia un escenario límite.
Uno de los diagnósticos más contundentes proviene del economista Juan Carlos Albizu-Campos Espiñeira, quien desde La Habana sostiene que las condiciones actuales representan “un mínimo sin precedentes” en la historia económica reciente del país. Según su análisis, la crisis no es solo coyuntural, sino el resultado de debilidades estructurales acumuladas durante décadas.
Crisis energética: el detonante inmediato
El elemento más visible —y socialmente más impactante— es la aguda crisis energética. La falta de combustible, el deterioro de las plantas termoeléctricas y la escasez de divisas para importar recursos han provocado apagones prolongados en gran parte del territorio nacional.
Estos cortes eléctricos no solo afectan la vida cotidiana de millones de cubanos, sino que paralizan sectores clave como la industria, el comercio y los servicios. Pequeñas y medianas actividades privadas, que han surgido en los últimos años como alternativa económica, también se ven gravemente afectadas por la inestabilidad del suministro eléctrico.
Inflación y pérdida del poder adquisitivo
A la crisis energética se suma una inflación persistente que ha erosionado el poder adquisitivo de la población. Aunque las cifras oficiales son limitadas, economistas independientes coinciden en que los precios de alimentos, transporte y bienes básicos han experimentado aumentos sostenidos.
El proceso de reforma monetaria iniciado en 2021, lejos de estabilizar la economía, ha sido señalado como uno de los factores que aceleraron la inflación. La devaluación del peso cubano y la expansión de mercados en divisas han profundizado la desigualdad y fragmentado aún más el sistema económico interno.
Servicios públicos en deterioro
Otro aspecto crítico es el deterioro de los servicios públicos. Sectores como la salud, el transporte y el abastecimiento de agua enfrentan serias dificultades operativas. La falta de recursos, el éxodo de profesionales y la obsolescencia de infraestructuras han reducido significativamente la calidad de estos servicios.
En este contexto, Albizu-Campos y otros analistas advierten que la crisis actual no solo es económica, sino también social, con un impacto directo en la calidad de vida de la población.
Factores estructurales y externos
Los expertos coinciden en que la gravedad del momento actual responde a una combinación de factores internos y externos. Entre los internos destacan la baja productividad, la rigidez del modelo económico y la limitada capacidad de generar divisas.
En el plano externo, influyen las sanciones de Estados Unidos, la disminución del apoyo financiero de aliados tradicionales y los efectos acumulados de la pandemia de COVID-19 sobre el turismo, una de las principales fuentes de ingresos del país.
¿Un punto de inflexión?
Para muchos economistas, Cuba se encuentra en un punto de inflexión. La profundidad de la crisis actual podría obligar a adoptar reformas más amplias y estructurales, aunque hasta ahora los cambios han sido graduales y limitados.
Mientras tanto, la población enfrenta un escenario marcado por la incertidumbre. Los apagones, la escasez y la inflación continúan redefiniendo la vida diaria en la isla, en lo que algunos expertos ya consideran el momento más crítico de su historia contemporánea.
La evolución de la crisis en los próximos meses será clave para determinar si el país logra estabilizarse o si, como advierten varios especialistas, se encamina hacia un deterioro aún más profundo.
FOTO: CubaDebate


