Miami, Reporta.news— En las últimas horas, las declaraciones de los congresistas estadounidenses liberales Pramila Jayapal y Jonathan Jackson han vuelto a poner sobre la mesa un tema que, para muchos de nosotros los cubanos, resulta profundamente irritante: la constante intromisión de políticos demócratas liberales en asuntos que solo competen al pueblo de Cuba.
Tras una visita de cinco días a la isla, ambos legisladores calificaron las sanciones económicas de Estados Unidos como un “bloqueo ilegal de combustible” e incluso como un “bombardeo económico”. También atribuyeron la grave crisis humanitaria que atraviesa el país al embargo estadounidense. Pero desde mi perspectiva —como cubano que conoce la realidad desde dentro o desde la diáspora— estas afirmaciones no solo simplifican el problema, sino que ignoran elementos esenciales de nuestra realidad.
Durante décadas, el régimen cubano ha utilizado el embargo como excusa para justificar su ineficiencia, su falta de libertades y el deterioro progresivo de la calidad de vida. Sin embargo, quienes hemos vivido esa realidad sabemos que el origen de muchos de los problemas no está únicamente fuera, sino dentro del propio sistema: en la mala gestión, en la falta de apertura económica, y en la ausencia de derechos fundamentales, y que el socialismo-comunista no funciona en ninguna parte.
Cuando congresistas estadounidenses visitan la isla por unos días y regresan proclamando haber entendido la raíz de la crisis cubana, es inevitable cuestionar la profundidad de ese análisis. Cuba no es un escenario de visita diplomática ni un experimento ideológico: es el hogar de millones de personas cuyas vidas están marcadas por decisiones políticas que van mucho más allá de un embargo.
Hablar de “bombardeo económico” puede sonar impactante en un discurso político, pero trivializa lo que realmente viven los cubanos día a día: apagones constantes, escasez de alimentos, salarios insuficientes y una falta de libertades que no puede atribuirse únicamente a factores externos.
Lo más preocupante no es solo la narrativa, sino la consecuencia de estas posturas. Cuando figuras políticas supuestamente influyentes en Estados Unidos adoptan el discurso del gobierno cubano, terminan reforzando una versión de la realidad que muchos cubanos no comparten. Y lo hacen sin haber experimentado en carne propia las limitaciones que definen la vida en la isla.
Como cubano, no necesito que políticos extranjeros hablen por mí. No necesito que interpreten mi realidad desde una visita guiada ni que utilicen mi país como plataforma para debates ideológicos internos en Estados Unidos. Lo que sí necesitamos los cubanos es que se escuchen nuestras voces, diversas y muchas veces contradictorias, pero auténticas.
Cuba no es un símbolo ni un argumento político: es una nación con problemas complejos que deben ser entendidos con responsabilidad, respeto y, sobre todo, con la participación de quienes realmente los viven.
Y en este m omento en que por fin una administración republicana se ha interesado por acabar con el sistema comunista en la isla, venia estos zánganos liberales como Pramila Jayapal y Jonathan Jackson a criticar lo que desconocen es ponerse al lado del régimen que oprime a nuestros hermanos cubanos residentes en la isla.
Porque al final, el futuro de Cuba no se decide en los pasillos del Congreso estadounidense, sino en la voluntad y el destino de los propios cubanos.
FOTO: Canal 17


