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La marcha atrás de Sherritt en Cuba desata un nuevo conflicto político y económico en medio de las sanciones de Trump

Miami, Reporta.news— La decisión de la minera canadiense Sherritt International de suspender sus planes de abandonar Cuba ha abierto un nuevo frente de tensiones políticas y económicas, tanto en Washington como en La Habana, al producirse apenas días después de que la empresa anunciara su retirada debido al endurecimiento de las sanciones impuestas por la administración del presidente Donald Trump contra compañías extranjeras que mantienen negocios con el régimen cubano.

La compañía canadiense informó ayer martes que no continuará con el proceso de disolución de sus intereses en Cuba, incluida la empresa mixta Moa Nickel S.A., dedicada a la extracción de níquel y cobalto en la provincia de Holguín, una de las principales fuentes de divisas del régimen cubano. La decisión representa un sorprendente giro, ya que apenas hace 12 días Sherritt había anunciado la cancelación inmediata de todas sus actividades conjuntas en la Isla y la repatriación de sus empleados debido al creciente riesgo legal y financiero derivado de las nuevas medidas estadounidenses.

El anuncio ha generado controversia porque ocurre en medio de la ofensiva económica más agresiva de Washington contra La Habana en décadas. A principios de mayo, el Gobierno de Trump amplió significativamente las sanciones contra entidades vinculadas al aparato militar cubano, incluyendo a Moa Nickel S.A., con el objetivo declarado de cortar las fuentes de ingresos en moneda fuerte del régimen comunista. Las medidas también buscan desalentar la inversión extranjera en sectores estratégicos de la economía cubana, especialmente minería, energía y turismo.

La situación coloca ahora a Sherritt en una posición extremadamente delicada. Aunque la empresa ha desistido temporalmente de abandonar Cuba, admitió que continúa enfrentando “graves dificultades operativas, financieras y legales” relacionadas con las sanciones estadounidenses y reconoció que su permanencia podría afectar incluso su capacidad para cumplir compromisos financieros y obligaciones con acreedores. La compañía indicó además que mantendrá suspendida su participación directa en operaciones dentro de la Isla mientras evalúa alternativas.

Detrás de esta inesperada reversión parece existir algo más que una simple reconsideración empresarial. Sherritt señaló que analiza una “oportunidad preliminar de preservación de valor”, sin ofrecer detalles, lo que ha alimentado especulaciones sobre posibles negociaciones discretas para reorganizar su estructura operativa o buscar fórmulas que le permitan continuar beneficiándose de sus activos cubanos sin quedar completamente expuesta a las sanciones de Washington.

El caso es especialmente sensible porque Sherritt no es una empresa cualquiera dentro de la economía cubana. Durante más de tres décadas ha sido uno de los principales inversionistas extranjeros del país y un socio estratégico del régimen en sectores críticos. Su empresa conjunta con el monopolio estatal cubano del níquel explota las minas de Moa, en Holguín, desde donde se extraen níquel y cobalto que luego son refinados en Canadá para mercados internacionales. Además, la firma mantiene intereses en proyectos energéticos y de gas natural dentro de Cuba.

Para el régimen cubano, una retirada definitiva de Sherritt habría significado un golpe devastador. La producción de níquel constituye una de las pocas exportaciones de alto valor que todavía generan divisas para una economía profundamente deteriorada por la crisis energética, la escasez de combustible y la caída del turismo. Analistas consideran que perder a Sherritt habría acelerado aún más el aislamiento financiero de La Habana.

Sin embargo, la decisión de permanecer también podría traer consecuencias. Sectores políticos cercanos a la Casa Blanca han defendido que las sanciones de Trump buscan precisamente obligar a las compañías extranjeras a escoger entre hacer negocios con Estados Unidos o continuar sosteniendo económicamente al régimen cubano. En ese contexto, el movimiento de Sherritt podría ser interpretado por algunos sectores en Washington como un desafío directo a la estrategia de máxima presión contra La Habana.

La gran incógnita ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse esta posición intermedia. Sherritt intenta evitar una salida traumática de Cuba, pero también reconoce que las sanciones estadounidenses han convertido sus operaciones en un terreno de alto riesgo. Si Washington endurece aún más las restricciones o amplía el alcance de sanciones secundarias contra empresas extranjeras, el margen de maniobra de la minera canadiense podría reducirse drásticamente.

Mientras tanto, en La Habana, la decisión es vista como un pequeño respiro en medio de una tormenta económica sin precedentes. Pero también deja al descubierto una realidad incómoda: cada vez son menos las empresas internacionales dispuestas a asumir el costo político, financiero y legal de mantener negocios con una economía fuertemente sancionada y marcada por la incertidumbre.

FOTO: Economia Cubana

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