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Otro apagón nacional en Cuba: cuando el colapso deja de ser noticia y se convierte en la normalidad

Miami, Reporta.news— Por quinta vez en menos de un año, Cuba volvió a quedarse completamente a oscuras. Ayer lunes, apenas tres días después de una nueva salida de servicio de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, y a solo cinco días del quinto aniversario de las históricas protestas del 11 de julio de 2021, el país experimentó un nuevo colapso total de su Sistema Electroenergético Nacional (SEN).

La confirmación llegó, como ya se ha hecho costumbre, a través de la página oficial de Facebook de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE), con un escueto comunicado que resume el estado de la infraestructura energética nacional: “Ocurre una desconexión total del sistema electroenergético nacional. Se investigan las causas.”

La frase, repetida una y otra vez durante los últimos años, ya no sorprende a los cubanos. Lo verdaderamente alarmante es que un país entero haya terminado acostumbrándose a escuchar que su sistema eléctrico nacional colapsa por completo como si se tratara de un fenómeno rutinario.

Un sistema al borde del colapso permanente

El nuevo apagón nacional no constituye un accidente aislado. Es la consecuencia lógica de décadas de abandono, falta de inversiones, corrupción administrativa y una planificación económica incapaz de sostener la infraestructura más básica del país.

La central Antonio Guiteras, considerada la principal termoeléctrica de Cuba, ha permanecido durante años funcionando prácticamente al límite de sus posibilidades. Cada salida de servicio provoca un efecto dominó sobre un sistema eléctrico extremadamente frágil, donde varias plantas superan ampliamente los cuarenta años de explotación y operan con mantenimientos insuficientes.

Las averías ya no son la excepción. Se han convertido en la regla.

Cinco años después del 11J

La coincidencia temporal resulta imposible de ignorar.

Dentro de apenas cinco días se cumplirán cinco años de las manifestaciones del 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron espontáneamente a las calles en decenas de ciudades exigiendo libertad, mejores condiciones de vida y el fin de los apagones, entre muchas otras demandas.

En aquel momento, el deterioro del sistema eléctrico fue uno de los detonantes del descontento popular.

Cinco años después, lejos de mejorar, la situación energética parece haber entrado en una etapa aún más crítica.

Paradójicamente, el Gobierno continúa atribuyendo cada crisis a factores externos, mientras evita reconocer que buena parte del problema responde al envejecimiento de las plantas, la falta de inversiones productivas y la incapacidad del modelo económico para garantizar siquiera el suministro básico de electricidad.

Internet: la única ventana… mientras exista electricidad

El anuncio de la UNE fue leído únicamente por aquellos cubanos que aún conservaban conexión a internet antes de que la falta de electricidad terminara afectando también las telecomunicaciones.

Cada apagón nacional provoca además la caída gradual de la telefonía móvil, el acceso a internet y numerosos servicios digitales, dejando a millones de personas completamente incomunicadas.

En muchos municipios, la población vuelve a depender de la radio de baterías o simplemente del boca a boca para conocer lo que está ocurriendo.

Una economía que tampoco resiste

Las consecuencias van mucho más allá de la oscuridad.

Cada desconexión nacional paraliza industrias, hospitales, comercios, sistemas de bombeo de agua, transporte ferroviario, refrigeración de alimentos y prácticamente toda la actividad económica del país.

Miles de pequeños negocios privados deben cerrar sus puertas durante horas o incluso días, perdiendo mercancías y reduciendo aún más una producción nacional ya profundamente deprimida.

Mientras tanto, las familias vuelven a enfrentar alimentos echados a perder, noches interminables sin ventilación bajo temperaturas tropicales y una creciente sensación de desesperanza.

El verdadero problema ya no son los apagones

Lo más preocupante quizá no sea que Cuba vuelva a sufrir un apagón nacional.

Lo verdaderamente inquietante es que estos eventos hayan dejado de ser extraordinarios.

Cuando una infraestructura crítica colapsa repetidamente y la respuesta oficial sigue limitándose a anunciar que “se investigan las causas”, el problema deja de ser técnico para convertirse en político y estructural.

La crisis energética cubana ya no puede explicarse únicamente por averías o falta de combustible.

Es el reflejo de un modelo incapaz de sostener los servicios esenciales de un país moderno.

Mientras no exista una transformación profunda del sistema económico, una apertura real a las inversiones y una modernización integral de la infraestructura eléctrica, cada reparación será apenas un alivio temporal antes del siguiente colapso.

Y los cubanos seguirán viviendo entre apagones, promesas oficiales y comunicados que ya nadie cree.

Porque en la Cuba de hoy, la noticia ya no es que se vaya la luz.

La verdadera noticia sería que algún día regresara para quedarse.

FOTO: CiberCuba

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