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EUROPA CREA SU PROPIO «ICE»: LA POLÍTICA MIGRATORIA QUE ACERCA A BRUSELAS AL MODELO DE ESTADOS UNIDOS

El Parlamento Europeo aprobó nuevas reglas para acelerar las deportaciones de inmigrantes que no tienen derecho legal a permanecer en la Unión Europea. El reglamento contempla detenciones, mayores facultades para localizar a personas sujetas a órdenes de retorno y la creación de «centros de retorno» fuera del territorio europeo.

Miami, Reporta.news— Durante años, Europa ha cuestionado algunas de las políticas migratorias aplicadas por Estados Unidos y, particularmente, las operaciones de Immigration and Customs Enforcement (ICE) para localizar, detener y deportar a inmigrantes que permanecen ilegalmente en el país.

Ahora, sin embargo, la Unión Europea está avanzando hacia un sistema de retornos considerablemente más estricto.

El Parlamento Europeo dio su aprobación definitiva el 17 de junio de 2026 al llamado Reglamento de Retornos, una reforma destinada a establecer un sistema común europeo para devolver a personas de terceros países que no tienen derecho legal a permanecer en la Unión. La votación terminó con 418 votos a favor, 218 en contra y 30 abstenciones.

Y aunque oficialmente nadie lo llama un «ICE europeo», la comparación ya forma parte del debate político y mediático.

MÁS PODER PARA LOCALIZAR Y DETENER

Una de las modificaciones más importantes es el fortalecimiento de las facultades de las autoridades nacionales para localizar a personas sujetas a procedimientos de retorno.

El nuevo marco permite medidas más amplias para detectar a quienes deben abandonar el territorio europeo. Organizaciones defensoras de los derechos de los inmigrantes han comparado algunas de estas facultades, incluyendo la posibilidad de realizar registros en determinados domicilios y refugios, con métodos utilizados por ICE en Estados Unidos.

El reglamento también amplía considerablemente las posibilidades de detención.

Según el análisis jurídico del European Council on Refugees and Exiles, el nuevo sistema permite períodos de detención de hasta 30 meses, frente al límite de 18 meses establecido por la normativa anterior. El organismo considera que la combinación de los nuevos criterios podría hacer que la detención tenga un papel mucho más importante dentro de los procedimientos de retorno.

La legislación europea, sin embargo, establece que la detención debe estar vinculada a una evaluación individual y puede utilizarse, entre otras razones, cuando exista riesgo de fuga, falta de cooperación o determinadas circunstancias de seguridad. La Comisión Europea sostiene que las nuevas herramientas deben aplicarse respetando los derechos fundamentales y el derecho internacional.

LOS «RETURN HUBS»: DEPORTACIONES FUERA DE EUROPA

Otro de los elementos más controvertidos es la posibilidad de enviar a determinadas personas a los llamados «return hubs», centros ubicados en terceros países.

La idea es que una persona que no tenga derecho a permanecer en la Unión pueda ser trasladada a un tercer país con el que exista un acuerdo o arreglo para efectuar el retorno.

La Comisión Europea sostiene que esos acuerdos deben respetar las normas internacionales de derechos humanos y el principio de no devolución, que impide enviar a una persona a un lugar donde pueda enfrentar determinados riesgos graves.

En otras palabras, Europa está creando una infraestructura legal que permite que el proceso de retorno no necesariamente termine directamente en el país de origen del inmigrante.

El Parlamento Europeo también estableció mecanismos para facilitar el reconocimiento de decisiones de retorno emitidas por otros Estados miembros, avanzando hacia un sistema europeo más coordinado.

LA GRAN DIFERENCIA CON EL SISTEMA ANTERIOR

El problema que Bruselas intenta resolver es conocido: una cosa es ordenar la salida de una persona y otra muy distinta conseguir que efectivamente abandone el territorio europeo.

La Comisión Europea informó que durante 2025 la tasa de retorno aumentó al 28%, pero consideró que el número de retornos efectivos continuaba siendo demasiado bajo. El nuevo reglamento pretende precisamente acelerar y hacer más eficaz ese proceso.

La reforma también contempla mayores obligaciones de cooperación para las personas sometidas a una orden de retorno y puede incluir prohibiciones de entrada de larga duración en determinados casos. El análisis de ECRE señala que esas prohibiciones pueden llegar hasta 10 años y, en determinadas circunstancias, hasta 20 años.

¿EUROPA ESTÁ ADOPTANDO EL MODELO DE TRUMP?

Aquí está el punto político que probablemente generará más debate.

Comparar directamente el sistema europeo con ICE sería simplificar dos estructuras jurídicas diferentes. ICE es una agencia federal estadounidense con funciones específicas dentro del sistema migratorio de Estados Unidos; el Reglamento de Retornos es una normativa europea que debe ser ejecutada por las autoridades de cada Estado miembro.

Pero también es difícil ignorar las similitudes señaladas por sus críticos: mayor capacidad para localizar inmigrantes en situación irregular, detención durante los procedimientos de retorno, mayores mecanismos de deportación y cooperación con terceros países.

De hecho, durante el debate parlamentario europeo algunos opositores utilizaron expresamente la expresión «European ICE» para describir las nuevas facultades.

Al mismo tiempo, sus defensores presentan la reforma de otra manera: no como una copia de Estados Unidos, sino como la creación de un sistema europeo común que permita hacer cumplir las propias órdenes de retorno de la Unión.

DE LAS CRÍTICAS A WASHINGTON A UNA POLÍTICA MÁS DURA EN BRUSELAS

La ironía política es evidente.

Mientras en Estados Unidos las políticas de deportación impulsadas por la administración Trump han provocado fuertes críticas en Europa y entre organizaciones internacionales y de derechos humanos, los gobiernos europeos han tenido que enfrentar su propio problema migratorio: millones de personas han llegado al continente durante la última década y los Estados miembros han tenido dificultades para ejecutar las órdenes de salida.

El resultado es un cambio de dirección.

Europa no está abandonando el discurso de los derechos fundamentales ni está copiando literalmente el sistema estadounidense. Pero sí está fortaleciendo significativamente las herramientas para detener y devolver a quienes no tienen derecho legal a permanecer en la Unión Europea.

Y quizás la pregunta más interesante ya no sea si Europa criticará las políticas migratorias estadounidenses.

La pregunta es si, frente a su propia crisis migratoria, Europa está llegando a la misma conclusión que durante años cuestionó en Washington: que una política migratoria sin capacidad efectiva para ejecutar las deportaciones termina siendo una política difícil de hacer cumplir.

FOTO: Reporta.news IA

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