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¿QUIÉN SE BENEFICIARÁ DE UNA CUBA SIN CASTRO?

The Guardian revela una carrera silenciosa por los activos cubanos mientras Washington aumenta la presión sobre La Habana

 

Miami, Reporta.news— Mientras Cuba atraviesa una de las crisis económicas y energéticas más graves de las últimas décadas, y Estados Unidos incrementa la presión sobre el régimen de La Habana, una pregunta comienza a ganar espacio fuera de la isla:

¿Quién estará en posición de hacer negocios con Cuba si el actual sistema político llega a su fin?

Un extenso reportaje publicado este jueves por el diario británico The Guardian pone el foco precisamente sobre esa interrogante y describe una creciente actividad de empresarios, donantes republicanos, exiliados cubanos, abogados, lobistas y personas vinculadas al entorno de Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio que estarían explorando las oportunidades económicas que podría generar un eventual cambio político en Cuba.

El reportaje sostiene que algunos de esos actores ya están intentando posicionarse para participar en una eventual reorganización económica de la isla, mientras las sanciones estadounidenses obligan a empresas extranjeras a reducir o abandonar determinadas operaciones en Cuba.

Según The Guardian, entre los sectores que despiertan interés aparecen activos mineros, hoteles, petróleo, transporte y otras áreas estratégicas de la economía cubana. El diario también menciona negociaciones relacionadas con participaciones en empresas que actualmente operan en la isla.

LA PRESIÓN DE WASHINGTON Y EL “DÍA DESPUÉS”

El reportaje llega en un momento particularmente delicado.

La administración Trump ha incrementado considerablemente la presión económica sobre el gobierno cubano, mientras Rubio ha defendido una política de máxima presión contra La Habana.

En mayo, The Guardian describió la estrategia de Rubio como un intento de llevar al gobierno cubano hacia un punto de quiebre. El periódico señaló entonces que la presión estadounidense podía terminar provocando negociaciones o incluso un cambio político, pero también planteó una interrogante fundamental: qué ocurriría después si el sistema cubano colapsara.

Ese “día después” adquiere ahora una dimensión económica.

Porque una Cuba que eventualmente cambie de sistema no comenzaría desde cero.

La isla posee hoteles, puertos, instalaciones industriales, tierras, empresas, minas, infraestructura energética y propiedades que durante décadas han estado bajo control del Estado cubano o de entidades vinculadas al aparato militar y empresarial del régimen.

Y ahí aparece el enorme interrogante económico.

¿CAMBIO POLÍTICO O REORDENAMIENTO ECONÓMICO?

The Guardian plantea que mientras Washington aumenta las sanciones y busca debilitar las fuentes de ingresos del gobierno cubano, determinados intereses privados estarían intentando prepararse para aprovechar las oportunidades que podría generar una transformación política.

El periódico menciona específicamente a figuras vinculadas con el entorno de Trump y a empresarios cubanoamericanos interesados en el futuro económico de la isla.

Esto no significa que esas personas controlen la política estadounidense hacia Cuba ni que exista evidencia de que las decisiones de Washington hayan sido tomadas para beneficiar a determinados inversionistas.

Pero la investigación sí plantea un asunto que merece atención:

¿Puede una política diseñada para presionar al régimen terminar creando, al mismo tiempo, oportunidades extraordinarias para quienes tengan los contactos y el capital necesarios para entrar primero en una Cuba postcomunista?

Es una pregunta diferente a determinar si la política estadounidense está justificada o no.

Es una pregunta sobre quién estará preparado para el día después.

LOS ACTIVOS CUBANOS: EL GRAN PREMIO

La dimensión económica puede ser gigantesca.

Durante más de seis décadas, el gobierno cubano ha controlado buena parte de la economía nacional. El sector hotelero, la minería, el transporte, las telecomunicaciones, la energía y numerosas empresas estratégicas están vinculados directa o indirectamente al Estado.

Si algún día se produce una transición política, habrá que determinar qué ocurre con esos activos.

¿Serán privatizados?

¿Serán devueltos a antiguos propietarios?

¿Serán vendidos a inversionistas extranjeros?

¿Participarán empresas cubanoamericanas?

¿Se crearán mecanismos de compensación para quienes perdieron propiedades después de 1959?

¿O una combinación de todas esas alternativas?

Todavía no existen respuestas definitivas.

Pero, de acuerdo con la investigación de The Guardian, algunos empresarios ya parecen estar pensando en esas preguntas.

EL FACTOR MIAMI

Para la comunidad cubana del sur de Florida, el asunto tiene una sensibilidad especial.

Durante décadas, una parte importante del exilio ha defendido no solamente el fin del régimen comunista, sino también la recuperación de propiedades confiscadas después de la revolución.

Al mismo tiempo, existe una nueva generación de empresarios cubanoamericanos con capital, conexiones políticas y experiencia empresarial.

Una eventual apertura de Cuba podría representar para ellos una oportunidad económica histórica.

Pero también podría generar uno de los debates más complicados de una futura transición:

¿Quién tiene derecho a reclamar Cuba?

Los cubanos que permanecieron en la isla.

Los exiliados que perdieron sus propiedades.

Los nuevos inversionistas.

Las empresas extranjeras que actualmente tienen activos en Cuba.

O el Estado que eventualmente suceda al gobierno actual.

COSTA RICA Y UNA CUBA CADA VEZ MÁS AISLADA

El reportaje de The Guardian adquiere todavía mayor relevancia cuando se observa el contexto diplomático regional.

Costa Rica cerró su embajada en La Habana y trasladó sus servicios consulares a Panamá bajo la administración del expresidente Rodrigo Chaves. La presidenta Laura Fernández ha mantenido esa política.

Ahora, la decisión de San José se produce en un momento en que la relación de Cuba con Washington se encuentra bajo una presión extraordinaria.

El aislamiento diplomático, las sanciones económicas y la salida de empresas extranjeras están creando un escenario completamente distinto al de años anteriores.

Y mientras Cuba enfrenta apagones, escasez de combustible, problemas de transporte y una economía cada vez más debilitada, fuera de la isla algunos ya parecen estar pensando en algo muy diferente:

cómo será la economía cubana cuando cambie el poder.

LA PREGUNTA QUE QUEDA SOBRE LA MESA

El futuro de Cuba todavía es incierto.

Nadie puede asegurar cuándo ni cómo terminará el sistema político establecido después de 1959.

Pero la investigación de The Guardian introduce un elemento que no debería pasar inadvertido.

Mientras Washington presiona al gobierno de Miguel Díaz-Canel, mientras países de la región toman distancia de La Habana y mientras la economía cubana continúa deteriorándose, también se está comenzando a discutir quién podría ocupar el espacio económico que dejaría un eventual cambio de régimen.

La cuestión, por tanto, no es solamente qué ocurrirá con el gobierno cubano.

La pregunta también es:

¿Quién estará esperando para quedarse con el negocio de la Cuba que venga después?

Y algo que no dice el informe de The Guardian, es : quien realmente se beneficiaria seria el pueblo cubano.

FOTO: Cortesia de CESCO

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