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CUBA: A LOS APAGONES, LA FALTA DE AGUA Y ALIMENTOS SE SUMA EL AVANCE DE LAS ENFERMEDADES

El Ministerio de Salud Pública reconoce un incremento de las infecciones respiratorias, enfermedades diarreicas, hepatitis, dengue y chikunguña. El deterioro de las condiciones sanitarias y los problemas con el abastecimiento y tratamiento del agua agravan una crisis que golpea directamente a la población.

Miami, Reporta.news— La crisis que atraviesa Cuba ha dejado de ser exclusivamente energética, alimentaria o económica. Ahora, a los apagones interminables, la escasez de agua potable y la dificultad para conseguir los alimentos más elementales, se suma una amenaza que compromete directamente la salud de millones de cubanos: el incremento de enfermedades infecciosas en medio de un deterioro generalizado de las condiciones de vida.

Lo más preocupante es que esta vez la advertencia no procede únicamente de los testimonios de ciudadanos desesperados o de las denuncias difundidas desde el exterior. Ha sido el propio Ministerio de Salud Pública cubano el que ha reconocido públicamente el agravamiento de la situación epidemiológica.

La viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, admitió durante una intervención televisiva el incremento de las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas y las hepatitis, junto con un notable aumento de las arbovirosis, entre ellas el dengue y el chikunguña.

Sus declaraciones constituyen un reconocimiento oficial de que las deficientes condiciones higiénico-sanitarias y los problemas relacionados con el abastecimiento y tratamiento del agua están contribuyendo al deterioro de la salud pública.

Para una población que lleva años enfrentando dificultades para satisfacer sus necesidades básicas, la aparición simultánea de estos problemas representa una nueva dimensión de la crisis nacional.

El agua: de necesidad básica a riesgo sanitario

Uno de los aspectos más reveladores de las declaraciones de la viceministra es la relación que establece entre las enfermedades y las deficiencias en el saneamiento ambiental, el tratamiento del agua y la recogida de residuos.

En otras palabras, el problema no se limita a la circulación natural de determinados virus. También intervienen las condiciones materiales en las que está obligada a vivir la población.

Cuando una familia carece de suministro regular de agua, se dificulta la higiene personal, la limpieza de los alimentos y el mantenimiento de condiciones sanitarias adecuadas dentro de la vivienda.

Cuando se acumulan desperdicios y aguas estancadas, aumentan las condiciones favorables para la reproducción de mosquitos transmisores de enfermedades.

Y cuando los apagones afectan la refrigeración, se añade otro riesgo: la conservación inadecuada de alimentos que pueden deteriorarse antes de ser consumidos.

La combinación de estos factores crea un escenario particularmente delicado para niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas.

La propia viceministra reconoció las limitaciones de los servicios de saneamiento y tratamiento de aguas al explicar el incremento de las enfermedades gastrointestinales y las hepatitis.

Dengue y chikunguña: dos amenazas que preocupan

Otro de los elementos importantes de la comparecencia oficial fue la confirmación de que en Cuba circulan los cuatro serotipos del dengue, con predominio del serotipo dos.

La funcionaria también reconoció la presencia del chikunguña, aunque rechazó que exista un incremento desmedido de esta enfermedad, como se ha señalado en algunas publicaciones de redes sociales.

Sin embargo, la información oficial no estuvo acompañada de un desglose actualizado de casos que permita conocer con precisión la magnitud nacional de cada enfermedad.

Esta ausencia de estadísticas detalladas dificulta evaluar el alcance de los contagios y determinar cuáles son las provincias y comunidades más afectadas.

El dengue puede provocar complicaciones graves, mientras que el chikunguña se caracteriza, entre otros síntomas, por fiebre y dolores articulares que en algunos pacientes pueden prolongarse.

Ambas enfermedades representan un desafío adicional para un sistema sanitario que debe responder simultáneamente a numerosas necesidades.

Más de 7.000 casos de dengue estimados durante 2026

El Global Dengue Observatory, vinculado a investigadores de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, situó en aproximadamente 7.133 los casos acumulados de dengue en Cuba durante 2026, según los datos divulgados hasta el 18 de septiembre.

La cifra equivale a unas 7,4 veces el nivel esperado para esa fecha.

Es importante precisar que parte de esos datos corresponde a estimaciones del observatorio ante la ausencia de registros oficiales actualizados, por lo que no deben confundirse con un balance nacional definitivo de casos confirmados.

El panorama adquiere especial relevancia ante la proximidad de octubre, un mes que habitualmente registra elevada incidencia del dengue en la Isla.

Estados Unidos también había emitido una alerta sanitaria

La preocupación por la situación epidemiológica cubana no se limita a las autoridades de la Isla.

A comienzos de septiembre, la Embajada de Estados Unidos en La Habana emitió una alerta por el aumento de enfermedades diarreicas en el territorio nacional.

La representación diplomática advirtió sobre la presencia de agentes infecciosos como E. coli, norovirus y Shigella, y recomendó extremar las precauciones con el agua y los alimentos.

También se reportaron brotes de hepatitis A en seis provincias: Matanzas, Camagüey, Pinar del Río, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba y La Habana.

Para los cubanoamericanos que viajan a visitar a sus familiares, estas advertencias constituyen información de especial importancia.

Pero para quienes residen permanentemente en Cuba, el problema resulta mucho más difícil de enfrentar: no siempre disponen de los medios materiales necesarios para cumplir las recomendaciones sanitarias más elementales.

Un sistema de salud sometido a múltiples presiones

Durante décadas, las autoridades cubanas presentaron el sistema de salud pública como uno de los principales logros de su modelo político.

Hoy, el reconocimiento oficial de múltiples enfermedades transmisibles vuelve a colocar bajo escrutinio la capacidad del Estado para garantizar servicios esenciales.

La situación no puede analizarse únicamente desde los hospitales y policlínicos. La salud pública comienza también en las viviendas, en la calidad del agua, en la recogida de basura, en la alimentación y en la posibilidad de conservar adecuadamente los productos perecederos.

La escasez de combustible, medicamentos y suministros para el control de vectores también ha sido identificada por la Organización Panamericana de la Salud como una limitación para las labores de saneamiento y prevención en Cuba.

En estas circunstancias, los profesionales sanitarios deben atender las consecuencias de problemas cuya solución depende, en buena medida, de infraestructuras y servicios públicos que están fuera de su control.

La pregunta que las autoridades deben responder

El reconocimiento del Ministerio de Salud Pública deja planteadas interrogantes que merecen respuestas concretas.

¿Cuántos cubanos están actualmente enfermos? ¿Cuántos pacientes han requerido hospitalización? ¿Cuáles son las provincias con mayor incidencia? ¿Qué recursos están disponibles para combatir los mosquitos, garantizar agua segura y atender a los afectados?

La publicación de estadísticas actualizadas y verificables permitiría conocer la verdadera dimensión del problema y evaluar la eficacia de las medidas sanitarias.

La explicación oficial de que algunas enfermedades presentan un comportamiento estacional no elimina la necesidad de enfrentar las deficiencias estructurales que favorecen su propagación.

Una crisis que se acumula sobre otra

Cuba enfrenta hoy una realidad en la que los problemas no aparecen de manera aislada, sino que se superponen.

La falta de electricidad afecta el suministro de agua. La escasez de agua dificulta la higiene. La acumulación de residuos favorece condiciones insalubres. Y las enfermedades llegan a una población que también enfrenta dificultades alimentarias y limitaciones para conseguir medicamentos.

Es una cadena de problemas que exige respuestas coordinadas y sostenidas.

La admisión de la viceministra Carilda Peña García constituye un reconocimiento importante, pero el desafío para las autoridades cubanas está en transformar ese diagnóstico en soluciones concretas.

Porque detrás de cada estadística hay una familia, un niño con fiebre, un anciano vulnerable o un paciente que necesita atención médica.

Cuba no necesita solamente que se reconozca la existencia de las enfermedades. Necesita agua potable, electricidad, saneamiento, alimentos, medicamentos y servicios de salud capaces de responder a las necesidades de su población.

Esa es la dimensión humana de una crisis que continúa agravándose y que no puede reducirse a un informe epidemiológico.

Reporta.news continuará dando seguimiento a la situación sanitaria de Cuba y a las informaciones oficiales e independientes sobre la evolución de estas enfermedades.

FOTO: Reporta.news SIO

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