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Canciller Cubano Bruno Rodríguez reconoce que el pueblo es quien paga el precio, pero no el gobierno cubano

Miami, Reporta.news— El canciller cubano admite que el bloqueo afecta directamente la vida de los cubanos. Pero su propia declaración abre una pregunta incómoda para el régimen: si quien sufre es el pueblo, ¿por qué responsabilizar siempre a Estados Unidos y nunca a quienes gobiernan Cuba?

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla volvió a colocar sobre la mesa uno de los argumentos centrales de la propaganda oficial de La Habana: el embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos —al que el régimen denomina “bloqueo”— sería el principal responsable de las dificultades que enfrenta la población cubana.

Durante la presentación ante la prensa nacional y extranjera del llamado Informe de Cuba sobre los daños del bloqueo, Rodríguez Parrilla pronunció, sin embargo, una frase que llama especialmente la atención.

“El bloqueo no castiga a un gobierno, castiga la vida cotidiana de todo un pueblo”.

La afirmación merece ser analizada más allá del discurso habitual de la cancillería cubana.

Por primera vez, al menos de manera particularmente explícita, un alto funcionario del régimen reconoce que las consecuencias no recaen simplemente sobre el Gobierno, sino directamente sobre los ciudadanos: sobre las familias que enfrentan apagones, escasez de alimentos, falta de medicinas, problemas con el transporte, salarios insuficientes y una economía prácticamente paralizada.

Y precisamente ahí aparece la gran contradicción.

Si el bloqueo no castiga al Gobierno sino al pueblo, entonces la pregunta inevitable es qué responsabilidad tiene el Gobierno cubano en el sufrimiento de ese pueblo.

Porque Cuba lleva más de seis décadas bajo el mismo sistema político. Un sistema que mantiene el control absoluto de la economía, limita la iniciativa privada, controla las importaciones y exportaciones, determina buena parte de los salarios y administra prácticamente todos los sectores estratégicos del país.

Por eso, aceptar el argumento de Rodríguez Parrilla lleva inevitablemente a otra pregunta: ¿qué está haciendo el Gobierno para evitar que el pueblo siga pagando las consecuencias?

La respuesta oficial vuelve a ser la misma: Washington.

Para La Habana, los problemas económicos de Cuba tienen una explicación externa. El embargo aparece como causa de la escasez, de la falta de combustible, de las dificultades financieras y de buena parte de las carencias que sufren los cubanos.

Pero esa explicación deja fuera factores que también forman parte de la realidad cubana: décadas de ineficiencia económica, una economía estatal incapaz de producir lo necesario, restricciones al sector privado, falta de inversión, corrupción, burocracia y decisiones económicas tomadas por la propia dirigencia comunista.

El problema es que el Gobierno cubano pretende utilizar el sufrimiento del pueblo como argumento contra Estados Unidos, sin aceptar que también debe rendir cuentas por sus propias decisiones.

Y aquí aparece una conclusión que puede resultar incómoda para La Habana.

Si, como reconoce el propio canciller, el pueblo es quien sufre, entonces el debate no debería limitarse a exigir el levantamiento de las sanciones estadounidenses.

También habría que preguntarse qué tendría que cambiar dentro de Cuba para que los cubanos puedan producir, comerciar, invertir, importar, emprender y prosperar sin depender permanentemente de las decisiones de un Estado que durante décadas ha controlado prácticamente todos los aspectos de la economía.

El embargo estadounidense puede ser objeto de debate y de crítica. Sus efectos sobre la economía cubana también pueden ser discutidos y cuantificados.

Pero convertirlo en explicación universal de todos los males de Cuba es otra cosa.

Porque si el bloqueo fuera eliminado mañana, seguiría existiendo el mismo sistema político, la misma estructura económica estatal y las mismas restricciones que han impedido durante décadas que los cubanos desarrollen plenamente su capacidad productiva.

Rodríguez Parrilla quiso demostrar que Estados Unidos castiga al pueblo cubano.

Paradójicamente, terminó colocando al propio Gobierno cubano frente a una pregunta mucho más difícil:

Si ustedes mismos reconocen que es el pueblo quien está sufriendo, ¿cuánto de ese sufrimiento es consecuencia de Washington y cuánto es consecuencia de las decisiones tomadas durante décadas por quienes gobiernan desde La Habana?

Tal vez la discusión que Cuba necesita no sea solamente sobre cómo eliminar el embargo estadounidense.

Tal vez también sea sobre cómo eliminar las políticas, restricciones y estructuras internas que mantienen al pueblo cubano atrapado en la pobreza y la dependencia.

Porque un Gobierno que realmente quiera defender a su pueblo no puede limitarse a denunciar quién supuestamente lo perjudica desde afuera.

También tiene que preguntarse qué está haciendo él mismo para dejar de perjudicarlo desde adentro.

FOTO:  CiberCuba-Granma

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