Miami, Reporta.news— La denominada caravana “Fe y Esperanza” continúa avanzando por territorio mexicano con la intención declarada de llegar a Estados Unidos, precisamente cuando la Administración del presidente Donald Trump mantiene una intensa campaña de detenciones y deportaciones y el tema migratorio vuelve a ocupar el centro del debate nacional.
La marcha, integrada por migrantes procedentes principalmente de Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador, Cuba y Haití, salió de la frontera sur mexicana y continuó su recorrido bajo fuertes lluvias. Reportes recientes basados en información de EFE cifran el contingente en más de 600 personas, aunque otras fuentes mexicanas han calculado en unos 350 los migrantes que permanecían agrupados durante etapas posteriores del recorrido.
La caravana llegó en las últimas horas a Huixtla, en el estado de Chiapas, después de haber pasado por Tapachula y Huehuetán. Algunos de sus integrantes llevan varios días caminando desde que ingresaron a México procedentes de Centroamérica.
El grupo inicial estaba formado por alrededor de 300 personas, pero durante su paso por la frontera sur mexicana se incorporaron migrantes que llevaban semanas o meses varados en esa región. Algunos han declarado abiertamente que su objetivo final es Estados Unidos, aunque todavía se encuentran a una enorme distancia de la frontera estadounidense y no está claro qué ruta terminarán siguiendo.
UN VIAJE EN UN MOMENTO MUY DIFERENTE
El movimiento de esta nueva caravana ocurre bajo circunstancias considerablemente distintas a las que enfrentaron grupos migratorios en años anteriores.
La Administración Trump ha convertido el control migratorio y las deportaciones en una de sus principales prioridades. Las detenciones migratorias aumentaron considerablemente durante el verano: datos gubernamentales preliminares analizados por Reuters indicaron que ICE llegó a realizar cerca de 51,000 arrestos durante agosto, aunque el aumento de las detenciones no produjo un incremento proporcional de las deportaciones.
A ese escenario se suma una importante decisión judicial.
Este martes 29 de septiembre, la Corte Suprema permitió provisionalmente que la Administración Trump reanudara las deportaciones de determinados migrantes hacia terceros países mientras continúa el litigio sobre la legalidad del procedimiento. La política forma parte de los instrumentos utilizados por Washington para acelerar las expulsiones. El máximo tribunal escuchará argumentos sobre el caso en diciembre.
La Administración sostiene que estas medidas son necesarias para hacer cumplir las leyes migratorias y retirar del país a personas sujetas a órdenes de deportación. Organizaciones defensoras de los inmigrantes, por su parte, cuestionan aspectos del procedimiento y alegan riesgos para personas que podrían ser enviadas a países donde temen persecución o malos tratos.
“FE Y ESPERANZA”
El nombre escogido por los propios migrantes refleja las expectativas de quienes participan en la marcha.
José Zelaya, un hondureño originario de San Pedro Sula que viaja acompañado por siete familiares, explicó a periodistas que su intención es llegar a Estados Unidos, trabajar y enviar ayuda económica a los familiares que permanecieron en Honduras.
Otros integrantes han señalado razones similares: inseguridad, pobreza, falta de empleo y el deseo de encontrar mejores oportunidades.
Pero entre Huixtla y la frontera estadounidense queda todavía un recorrido de cientos de millas, además de los controles que las autoridades mexicanas puedan establecer durante el trayecto.
Tampoco existe certeza de que la caravana permanezca unida. En movimientos migratorios anteriores, estos grupos se han reducido o fragmentado a medida que avanzan por México.
UNA PARADOJA MIGRATORIA
La aparición de esta nueva caravana plantea una evidente paradoja.
Mientras dentro de Estados Unidos continúan las controversias y protestas por las operaciones de ICE y el Gobierno federal intensifica la aplicación de las leyes migratorias, cientos de personas siguen desplazándose hacia el norte con la esperanza de alcanzar territorio estadounidense.
Para quienes integran la caravana, el cálculo parece ser que las dificultades que encontrarán en el camino y las nuevas restricciones estadounidenses no superan las razones que los llevaron a abandonar sus países.
Para Washington, sin embargo, el mensaje ha sido diferente: la frontera y las leyes migratorias serán aplicadas con mayor rigor.
Las próximas semanas mostrarán si “Fe y Esperanza” consigue mantenerse como una caravana organizada durante su recorrido por México, si sus integrantes se dispersan o si las autoridades mexicanas logran contener su avance antes de que alcancen la frontera norte.
Lo cierto es que, cuando Estados Unidos se encuentra inmerso en una nueva y profunda discusión sobre inmigración, deportaciones y el papel de ICE, otra columna de migrantes vuelve a caminar hacia el norte.
Y esta vez lo hace sabiendo que, al otro lado de la frontera, las condiciones para ingresar y permanecer en Estados Unidos son considerablemente más restrictivas.
FOTO: Reporta.news SI


