Miami, Reporta.news— Un reportaje reciente de The Wall Street Journal vuelve a situar a la familia Castro en el centro de las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Según ese informe, dos emisarios identificados por los apodos “El Tuerto” y “El Cangrejo” vinculados a la red de poder que gravita alrededor de Raúl Castro habrían actuado como interlocutores clave en contactos con Washington sobre el futuro político y económico de la Isla y los intereses familiares.
Pero de acuerdo con nuestra investigación vamos a identificar para los que no lo sepan, quiénes son y qué representan el Cangrejo y el Tuerto.
- “El Tuerto” y “El Cangrejo” son apodos periodísticos que, según la pieza del WSJ, aluden a miembros del entorno cercano de Raúl Castro. El artículo sitúa a la familia —incluido el propio hijo del general, su nieto y su sobrino nieto— como actores con influencia real por encima de los cargos públicos formales.
- El reportaje también identifica al viceprimer ministro Óscar Pérez‑Oliva como figura central en esa red de poder. Junto a ellos, se apunta que los recursos de Gaesa —el conglomerado empresarial controlado por el estamento militar— sostienen esa capacidad de influencia.
La dinámica del poder en Cuba es el retrato que dibuja el WSJ refuerza una percepción recurrente entre analistas: en Cuba el poder efectivo no siempre coincide con los cargos estatales visibles. Aun tras sucesivas transiciones formales —incluida la llegada de Miguel Díaz‑Canel a la Presidencia— subsiste una estructura paralela donde la familia, militares y empresas vinculadas al Ejército mantienen control sobre recursos estratégicos y decisiones clave.
Díaz‑Canel y la imagen pública El presidente Miguel Díaz‑Canel ha tratado de proyectar ante audiencias internacionales una imagen de liderazgo y control institucional. No obstante, la narrativa del WSJ sugiere que, en la práctica, ciertos asuntos sensibles se manejan mediante canales informales y mediadores con conexiones familiares y militares, lo que complica la separación entre Estado, intereses privados y linaje político.
Hay tres puntos que implica las relaciones de EE. UU.-Cuba, negociaciones, Sanciones y Politica y reformas y transparencia.
- Negociaciones: La existencia de emisarios ligados a los Castro introduce un componente de ambigüedad sobre con quién negocia realmente Washington: ¿con representantes del Estado formal o con actores que representan intereses familiares y militares?
- Política y sanciones: Si las decisiones de peso dependen de redes no institucionales y de conglomerados como Gaesa, las políticas estadounidenses (sanciones, incentivos económicos, apertura de intercambios) pueden tener efectos limitados o impredecibles.
- Transparencia y reformas: La persistencia de estas estructuras dificulta la implementación de reformas económicas profundas y de mecanismos de rendición de cuentas necesarios para cambios sostenibles.
Contexto histórico y continuidad La continuidad de poder en torno a la familia Castro y al aparato militar no es nueva: ha sobrevivido a cambios formales en la cúpula del Estado y a variadas presiones externas. El control de activos económicos estratégicos por parte de conglomerados militares ha sido un factor central para mantener influencia política más allá del cargo público de sus miembros.
El reportaje de The Wall Street Journal recuerda que, en el tablero cubano, las decisiones trascendentes a menudo se mueven por canales informales sostenidos por lazos familiares y militares. La identificación de emisarios como “El Tuerto” y “El Cangrejo” subraya cómo, para comprender las negociaciones entre La Habana y Washington, no basta con mirar los títulos oficiales: es necesario atender a las redes de poder económico y personal que operan tras ellos —y a los intereses de la familia Castro y del conglomerado militar que, según el WSJ, siguen condicionando el futuro de la Isla.
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