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ESTADOS UNIDOS PREPARA NUEVOS ATAQUES CONTRA IRÁN: TRUMP EVALÚA UTILIZAR LA «MADRE DE TODAS LAS BOMBAS» CONTRA INSTALACIONES NUCLEARES

Miami, Reporta.news— El enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán podría entrar en una nueva y peligrosa etapa. El Pentágono ha elaborado planes militares que contemplan la utilización de la bomba convencional más grande del arsenal estadounidense contra instalaciones nucleares e infraestructura energética iraní, en momentos en que las negociaciones para poner fin a la guerra permanecen estancadas.

La información fue revelada por CNN, que citó a varios funcionarios estadounidenses familiarizados con las deliberaciones militares. Según esas fuentes, el presidente Donald Trump dispone de nuevas alternativas de ataque que podría autorizar antes o después de las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre.

Sin embargo, hasta el momento no existe confirmación pública de que el mandatario haya ordenado ejecutar una operación de esta naturaleza.

LA «MADRE DE TODAS LAS BOMBAS»: UN ARMA DE ENORME PODER DESTRUCTIVO

En el centro de los planes militares figura la GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast, conocida internacionalmente como MOAB o «madre de todas las bombas».

Se trata de una gigantesca bomba convencional, de aproximadamente 21,600 libras de peso, diseñada para producir una explosión de enorme potencia sobre objetivos de superficie.

A diferencia de las armas nucleares, la MOAB utiliza explosivos convencionales, aunque su capacidad destructiva puede devastar amplias extensiones de terreno.

Estados Unidos empleó esta bomba por primera vez en combate en abril de 2017, durante el primer mandato de Donald Trump, contra posiciones del Estado Islámico en Afganistán.

Su eventual utilización contra Irán representaría una escalada militar de considerable magnitud.

Pero existe una importante interrogante: ¿sería realmente eficaz contra instalaciones nucleares construidas a gran profundidad?

LAS INSTALACIONES SUBTERRÁNEAS IRANÍES REPRESENTAN UN DESAFÍO

Uno de los objetivos que aparecen en las deliberaciones estadounidenses es una instalación conocida como Pickaxe Mountain, considerada por Washington e Israel como un posible emplazamiento relacionado con el programa nuclear iraní.

El problema para los estrategas militares es que la MOAB no fue diseñada específicamente para penetrar instalaciones profundamente enterradas.

Su principal efecto destructivo se produce en la superficie, circunstancia que plantea dudas sobre su capacidad para eliminar equipos, laboratorios o materiales nucleares protegidos por grandes estructuras subterráneas.

Especialistas citados por CNN han cuestionado que una explosión de semejante magnitud consiga necesariamente los resultados estratégicos que busca Washington.

En otras palabras, Estados Unidos podría ejecutar un ataque espectacular desde el punto de vista militar sin garantizar la destrucción de los objetivos más importantes.

TRUMP ENFRENTA UNA DECISIÓN MILITAR Y POLÍTICA

La preparación de estos planes coincide con un momento especialmente delicado para la administración Trump.

La guerra con Irán se ha prolongado durante meses y los esfuerzos diplomáticos no han conseguido una solución definitiva.

Washington insiste en impedir que Teherán obtenga armas nucleares, mientras el régimen iraní mantiene sus exigencias para alcanzar un acuerdo que permita terminar las hostilidades.

Trump ha declarado públicamente que no tiene intención de realizar nuevos ataques antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, aunque sus asesores reconocen que las circunstancias podrían cambiar.

La proximidad de los comicios añade una dimensión política a cualquier decisión militar.

Una nueva ofensiva podría interpretarse como una demostración de fuerza de la Casa Blanca, pero también provocaría consecuencias imprevisibles si Irán responde atacando intereses estadounidenses o instalaciones estratégicas de sus aliados en Oriente Medio.

EL PETRÓLEO Y LA ECONOMÍA MUNDIAL TAMBIÉN ESTÁN EN JUEGO

La posibilidad de atacar instalaciones energéticas iraníes constituye otro elemento particularmente delicado.

Irán ocupa una posición estratégica en el golfo Pérsico y tiene capacidad para amenazar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del comercio petrolero internacional.

Una ofensiva estadounidense contra instalaciones petroleras o energéticas podría provocar represalias iraníes y nuevas interrupciones del suministro mundial.

Las consecuencias podrían sentirse inmediatamente en los mercados internacionales, especialmente en los precios del petróleo, la gasolina y los combustibles utilizados por el transporte y la industria.

Para los consumidores estadounidenses, incluyendo millones de residentes de Florida, una nueva escalada militar podría traducirse en mayores costos energéticos.

El riesgo económico se suma a las preocupaciones humanitarias. Una bomba de las características de la MOAB puede causar numerosas víctimas civiles si es utilizada cerca de zonas pobladas.

¿UN ATAQUE PARA TERMINAR LA GUERRA O EL COMIENZO DE OTRA ESCALADA?

Uno de los aspectos más importantes de la información publicada por CNN es que dentro de los círculos militares estadounidenses existen dudas sobre la conveniencia de utilizar esta poderosa bomba.

La destrucción de instalaciones estratégicas no garantiza necesariamente que Irán acepte las condiciones de Washington.

Por el contrario, una ofensiva de gran magnitud podría fortalecer a los sectores más radicales del régimen iraní y desencadenar nuevas represalias contra bases militares estadounidenses, embarcaciones comerciales o países aliados.

También existe la posibilidad de que una operación militar limitada sea utilizada por la Casa Blanca para demostrar que Estados Unidos mantiene su superioridad militar y posteriormente buscar una salida negociada.

Sin embargo, el resultado dependería de la respuesta iraní y de la capacidad de ambas partes para evitar una ampliación del conflicto.

UNA DECISIÓN QUE PUEDE CAMBIAR EL RUMBO DE ORIENTE MEDIO

La administración Trump se encuentra ante una disyuntiva de enorme trascendencia.

Por una parte, Washington busca impedir que Irán desarrolle armas nucleares y mantener la presión sobre un régimen que durante décadas ha mantenido una confrontación directa con Estados Unidos e Israel.

Por otra, cualquier nueva operación militar deberá considerar sus posibilidades reales de éxito, el costo humano y el riesgo de extender una guerra que ya ha tenido consecuencias económicas y políticas internacionales.

La preparación de nuevas alternativas de ataque demuestra que el Pentágono continúa contemplando opciones militares mientras la diplomacia permanece estancada.

Pero disponer de la bomba convencional más poderosa del arsenal estadounidense no significa necesariamente que utilizarla sea la mejor solución.

Por ahora, la decisión permanece en manos de Donald Trump. La gran interrogante es si Washington conseguirá utilizar su superioridad militar para alcanzar una solución al conflicto o si una nueva ofensiva terminará abriendo otro capítulo de una guerra que todavía no encuentra su final.

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