Las declaraciones del secretario de Estado ofrecen nuevas pistas sobre la estrategia estadounidense: presión para provocar cambios profundos, pero también disposición a negociar con figuras del actual sistema cubano que acepten conducir al país hacia la libertad política y económica.
MIAMI, Reporta.news— Las últimas declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio merecen ser examinadas cuidadosamente porque posiblemente constituyan una de las explicaciones más claras hasta ahora sobre cómo contempla Washington un eventual proceso de transformación política en Cuba.
Rubio habló el miércoles 23 de septiembre en Nueva York, durante la semana de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y fue mucho más allá de reiterar las críticas tradicionales contra el régimen de La Habana.
El secretario de Estado afirmó que la Revolución cubana ha fracasado y sostuvo que Cuba tiene ante sí la oportunidad de iniciar cambios capaces de colocar al país en una trayectoria diferente. Pero lo verdaderamente novedoso fue que estableció una distinción entre quienes forman parte de la actual estructura de poder.
“Obviamente, hay algunos individuos en ese régimen con los que nunca podremos trabajar porque tienen las manos manchadas de sangre”, declaró Rubio.
Inmediatamente agregó que existen otras personas dentro del sistema cubano con las cuales Estados Unidos considera posible trabajar, siempre que estén dispuestas a conducir al país hacia la libertad política y económica.
La declaración podría ofrecer una pista importante sobre el tipo de transición que Washington estaría dispuesto a respaldar.
NO TODOS DENTRO DEL RÉGIMEN SERÍAN TRATADOS DE LA MISMA MANERA
Durante décadas se ha discutido qué ocurriría en Cuba cuando desaparezca la actual generación histórica y quiénes podrían participar en una transición.
Las palabras de Rubio sugieren que Washington no contempla necesariamente excluir automáticamente a cada persona que actualmente forme parte de las estructuras gubernamentales.
El criterio expresado por el secretario de Estado sería otro: existen figuras con las cuales Estados Unidos considera imposible colaborar por su responsabilidad en actos represivos, mientras que podría aceptar como interlocutores a otros funcionarios dispuestos a romper con el actual modelo y avanzar hacia reformas políticas y económicas.
Eso no significa que exista ya un acuerdo con sectores específicos del gobierno cubano. Rubio no identificó nombres ni reveló negociaciones concretas.
Pero sí dejó establecida públicamente una puerta que hasta ahora pocas veces había sido expresada con semejante claridad.
PRESIÓN, PERO CON UNA SALIDA NEGOCIADA
Otro aspecto importante de las declaraciones fue la respuesta de Rubio cuando se le preguntó sobre una eventual utilización de la fuerza militar.
El secretario de Estado recordó, en términos generales, que el presidente de Estados Unidos tiene facultades para responder ante amenazas contra la seguridad nacional, pero inmediatamente aclaró que la preferencia de Washington es conseguir transformaciones mediante mecanismos políticos y negociados, sin recurrir a la fuerza.
Es decir, la estrategia que describió combina presión con una posible salida política.
Washington parece estar enviando un mensaje: el sistema actual debe cambiar sustancialmente, pero quienes dentro de Cuba estén dispuestos a facilitar una transición hacia libertades políticas y económicas podrían encontrar un interlocutor en Estados Unidos.
RUBIO ADVIERTE QUE LA TRANSICIÓN NO SERÍA INMEDIATA
También resulta significativo que Rubio haya advertido que desmontar más de seis décadas de estructuras políticas y económicas no puede ocurrir de un día para otro.
El secretario señaló que las transiciones históricas toman tiempo y dejó claro que Washington no espera que décadas de problemas acumulados puedan revertirse en apenas unos meses.
Esto introduce una dosis de realismo en el debate sobre el futuro cubano.
Una cosa sería comenzar una transición y otra reconstruir instituciones, economía, infraestructura, seguridad jurídica y confianza internacional después de más de seis décadas bajo el sistema comunista.
¿UN MENSAJE HACIA EL INTERIOR DEL PODER CUBANO?
Aquí aparece quizás la interrogante política más interesante.
¿A quiénes iban realmente dirigidas las palabras de Marco Rubio?
Oficialmente fueron pronunciadas ante periodistas. Pero también pueden ser interpretadas como un mensaje dirigido a quienes se encuentran dentro de las estructuras del poder cubano y pudieran considerar que el modelo actual ha llegado a un callejón sin salida.
Rubio les está diciendo públicamente que Washington distingue entre diferentes responsabilidades dentro del sistema y que existiría espacio para colaborar con quienes estén dispuestos a conducir al país hacia libertades políticas y económicas.
No sabemos si existen conversaciones reservadas con personas dentro de Cuba ni quiénes podrían ser esos eventuales interlocutores. Afirmarlo sin pruebas sería especulación.
Pero la señal política pública está ahí.
LA PRESIÓN Y LA NEGOCIACIÓN NO SON NECESARIAMENTE CONTRADICTORIAS
La Administración Trump ha incrementado considerablemente la presión sobre La Habana, mientras el deterioro económico cubano continúa alimentando interrogantes sobre la capacidad del sistema para sostenerse sin reformas profundas.
Pero presión y negociación no son necesariamente estrategias incompatibles.
La presión puede utilizarse precisamente para intentar modificar el cálculo de quienes se encuentran dentro del poder y convencerlos de que el costo de mantener el sistema supera al de aceptar una transición.
Las declaraciones de Rubio permiten interpretar que Washington pretende mantener abierta esa segunda puerta.
Estados Unidos estaría dispuesto a ayudar en un proceso de transformación, dijo el secretario, siempre que exista disposición real para realizar cambios sustanciales.
CUBA PODRÍA ESTAR ENTRANDO EN UNA ETAPA DIFERENTE
Para los cubanos dentro y fuera de la Isla, estas declaraciones merecen atención.
No anuncian que el cambio sea inminente. Tampoco prueban que exista ya una negociación capaz de producir una transición.
Pero sí muestran con mayor precisión cuál podría ser uno de los caminos considerados por Washington: continuar presionando al régimen mientras se deja abierta una puerta para aquellos sectores de la estructura cubana que estén dispuestos a participar en una transformación hacia libertades políticas y económicas.
Marco Rubio ha colocado además una línea divisoria muy clara: quienes tengan responsabilidades graves por la represión quedarían fuera de ese eventual entendimiento.
Los demás tendrían que escoger.
Continuar defendiendo un sistema que Washington considera fracasado o participar en un proceso de transformación.
Y quizás esa sea la parte más importante de las declaraciones del secretario de Estado: la presión estadounidense no parece dirigida solamente a La Habana como gobierno. También parece buscar que dentro de la propia estructura de poder cubana comiencen a tomarse decisiones sobre qué hacer ante un eventual proceso de cambio.
Por ahora es una señal política, no el anuncio de una transición.
Pero tratándose de Cuba, donde durante décadas cualquier posibilidad de cambio parecía congelada, la diferencia es significativa.
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