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TRUMP NO ASALTÓ GROENLANDIA, pero, CONSIGUIÓ ALGO QUE PARECÍA IMPOSIBLE

La presión que comenzó con la amenaza de “tomar” la isla termina con un acuerdo que amplía de manera histórica la presencia militar de Estados Unidos en el Ártico

 

Miami, Reporta.news— Durante meses, Donald Trump insistió en algo que buena parte del mundo consideraba prácticamente imposible: que Estados Unidos necesitaba controlar Groenlandia.

Dinamarca dijo que no. Los dirigentes groenlandeses también rechazaron la idea. En Groenlandia, muchos de sus habitantes dejaron claro que no querían convertirse en estadounidenses. Y, mientras aumentaban las tensiones dentro de la propia OTAN, Trump continuaba insistiendo.

Ayer, 22 de septiembre de 2026, en Nueva York, ocurrió algo muy diferente a una compra o una anexión, pero que representa un cambio de enorme importancia estratégica: Trump, la primera ministra danesa Mette Frederiksen y el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen firmaron un nuevo acuerdo de seguridad para el Ártico y el Atlántico Norte.

Y aquí aparece una pregunta inevitable:

¿Era realmente Groenlandia lo que Trump quería comprar, o el objetivo final era conseguir un acuerdo que permitiera a Estados Unidos tener un papel militar mucho mayor en la isla?

No existe evidencia pública que permita afirmar que esa haya sido desde el principio la estrategia secreta de Trump. Pero el resultado de las negociaciones sí permite hacer esa lectura.

DE “GROENLANDIA SERÁ NUESTRA” A UNA PRESENCIA MILITAR MUCHO MAYOR

Trump llegó a decir que Estados Unidos necesitaba tener Groenlandia y durante meses se negó a descartar incluso la posibilidad de utilizar la fuerza para conseguirla.

La presión provocó una crisis diplomática con Dinamarca, uno de los aliados de Estados Unidos dentro de la OTAN.

Pero mientras públicamente se discutía sobre una eventual anexión, detrás de las cámaras Washington, Copenhague y Nuuk comenzaron a negociar una solución relacionada con la seguridad del Ártico.

El resultado es el acuerdo firmado este martes.

Según el texto y los detalles divulgados, Estados Unidos podrá ampliar significativamente su presencia militar en Groenlandia. Trump anunció incluso el inicio del proceso para desarrollar una presencia militar de gran escala y habló de la construcción de dos importantes bases militares.

El acuerdo también abre el camino para establecer en Groenlandia elementos del sistema estadounidense de defensa antimisiles conocido como Golden Dome.

Es decir: Estados Unidos no compró Groenlandia.

Pero consiguió ampliar considerablemente su capacidad para utilizarla desde el punto de vista militar y estratégico.

EL CAMBIO QUE PREOCUPABA A RUSIA Y CHINA

La importancia de Groenlandia no está solamente en sus enormes dimensiones.

La isla ocupa una posición estratégica entre América del Norte, Europa y el Ártico. Además, posee importantes recursos naturales y se encuentra en una zona donde el deshielo está abriendo nuevas rutas marítimas.

Estados Unidos ya posee allí la base espacial de Pituffik, anteriormente conocida como Thule, que cumple funciones relacionadas con vigilancia espacial, alerta de misiles y defensa de América del Norte.

El nuevo acuerdo aumenta las posibilidades de expansión de esa infraestructura.

Reuters informó que el pacto permitirá una presencia militar estadounidense más amplia y contempla dos nuevos emplazamientos, mientras que Trump ha anunciado su intención de construir dos grandes bases.

El objetivo declarado es impedir que adversarios de Estados Unidos, particularmente Rusia o China, puedan establecer una presencia militar o realizar determinadas inversiones sensibles en Groenlandia.

DINAMARCA CONSERVA LA SOBERANÍA

Aquí está la diferencia fundamental.

Groenlandia no pasa a ser parte de Estados Unidos.

El acuerdo reconoce la soberanía del Reino de Dinamarca sobre Groenlandia y el derecho del pueblo groenlandés a decidir su futuro.

De hecho, el acuerdo establece mecanismos que continuarían siendo aplicables incluso si Groenlandia llegara algún día a independizarse de Dinamarca, manteniendo su integración en el sistema de seguridad occidental.

Por eso, decir que Trump “se quedó con Groenlandia” sería incorrecto jurídicamente.

Pero también sería equivocado concluir que no consiguió nada.

EL ARTE DE NEGOCIAR

Aquí es donde aparece la gran paradoja de esta historia.

Trump comenzó planteando la cuestión en términos extraordinarios: Estados Unidos necesitaba Groenlandia.

La propuesta provocó rechazo.

Sin embargo, después de meses de presión, amenazas, negociaciones y tensión diplomática, las tres partes terminaron sentándose a la mesa y firmando un acuerdo que concede a Estados Unidos una capacidad militar mucho mayor en el territorio.

Trump no obtuvo la propiedad de la isla.

Obtuvo algo diferente: un acuerdo que fortalece extraordinariamente la posición estratégica estadounidense en Groenlandia sin cambiar formalmente la soberanía del territorio.

El propio presidente presentó el acuerdo como una solución permanente a las preocupaciones de seguridad estadounidenses. Antes de la firma afirmó que Estados Unidos tendría un control permanente sobre las necesidades de seguridad de Groenlandia y que ningún adversario podría establecer allí una presencia militar o realizar determinadas inversiones sensibles sin la aprobación estadounidense.

Para sus partidarios, esto puede verse como el resultado de una negociación basada en la presión: comenzar con una demanda máxima para terminar obteniendo concesiones importantes.

Para sus críticos, en cambio, la crisis provocada por Trump deterioró la confianza entre Washington, Copenhague y Nuuk y dejó heridas que podrían permanecer durante años.

Ambas interpretaciones forman parte del debate sobre lo ocurrido.

GROENLANDIA SIGUE SIENDO GROENLANDIA

Lo que ocurrió hoy, sin embargo, está perfectamente claro.

La bandera estadounidense no sustituirá a la danesa.

Groenlandia no se convirtió en un nuevo estado de la Unión.

Pero la relación militar entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia cambió significativamente.

Y quizás esa sea la verdadera historia detrás de una de las mayores controversias internacionales provocadas por Trump desde que regresó a la Casa Blanca.

El presidente comenzó hablando de adquirir Groenlandia. Terminó firmando un acuerdo que amplía considerablemente el acceso y la presencia militar estadounidense en la isla.

¿Fue siempre ese el objetivo?

Eso solamente lo sabe Trump y quienes participaron en las negociaciones.

Pero el resultado está sobre la mesa.

Y en política internacional, muchas veces, el resultado de una negociación dice tanto como la demanda con la que comenzó.

FOTO: Reporta.news AI

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