MIAMI, Reporta.news— La profunda crisis energética que atraviesa Cuba ha llevado al régimen comunista a recurrir nuevamente a soluciones improvisadas para intentar aliviar los prolongados apagones que afectan diariamente a millones de cubanos. La más reciente evidencia de esa desesperación llegó esta semana a la bahía de La Habana, donde fue remolcada una antigua central eléctrica flotante turca que había sido retirada de servicio en República Dominicana tras décadas de funcionamiento.
La estructura, conocida como La Isabela, pertenece a la empresa turca Karadeniz y fue instalada en la zona de Melones, dentro de la bahía habanera, junto a otras instalaciones de generación eléctrica. Sin embargo, lejos de representar una muestra de modernización del sistema eléctrico nacional, la llegada de esta patana ha despertado interrogantes sobre el verdadero estado de la infraestructura energética de la Isla.
Las imágenes difundidas muestran una embarcación visiblemente oxidada y con claros signos de desgaste, lo que ha provocado críticas entre especialistas y ciudadanos que cuestionan la decisión del régimen de incorporar una planta que ya había sido retirada de otro país.
En República Dominicana, La Isabela permaneció durante más de tres décadas en la bahía de Puerto Plata. Durante años fue objeto de constantes denuncias por parte de residentes y organizaciones locales debido a las emisiones contaminantes, el ruido permanente y el impacto ambiental y visual que generaba sobre una de las zonas turísticas más importantes del país. Finalmente, las autoridades dominicanas decidieron prescindir de esta instalación, considerada obsoleta frente a tecnologías de generación más modernas y eficientes.
Ahora, esa misma planta ha encontrado un nuevo destino en Cuba, donde el deterioro del Sistema Eléctrico Nacional ha obligado al Gobierno a buscar cualquier alternativa disponible para mantener en funcionamiento una red colapsada por décadas de falta de inversiones, mala administración y el progresivo deterioro de las termoeléctricas del país.
La llegada de esta central flotante también pone en evidencia la incapacidad del régimen para desarrollar soluciones estructurales. Mientras otros países de la región invierten en nuevas plantas, energías renovables y modernización de sus redes eléctricas, Cuba continúa dependiendo de equipos envejecidos, muchos de ellos adquiridos de segunda mano o trasladados desde otros mercados donde ya dejaron de ser viables.
Aunque las autoridades cubanas podrían presentar la incorporación de La Isabela como un esfuerzo para incrementar la generación eléctrica y reducir los apagones, numerosos expertos advierten que este tipo de soluciones solo ofrece un alivio temporal y no resuelve los graves problemas de fondo que enfrenta el sistema energético nacional.
Los constantes cortes de electricidad han afectado la actividad económica, los hospitales, las escuelas, la producción industrial y la vida cotidiana de millones de cubanos, que soportan jornadas de apagones de hasta veinte horas en varias provincias del país.
La imagen de una vieja patana oxidada entrando a la bahía de La Habana se ha convertido para muchos en un símbolo de la crisis que vive Cuba. Lo que en República Dominicana fue considerado un equipo obsoleto y contaminante, hoy es presentado por el régimen como una solución para un sistema eléctrico al borde del colapso.
Más que representar un avance tecnológico, la llegada de esta central flotante refleja la magnitud de la emergencia energética que enfrenta el país y la ausencia de una estrategia sostenible para garantizar un servicio eléctrico estable a la población.
FOTO: Ciber Cuba


