MIAMI.— Cada vez que un conductor se detiene frente a una gasolinera y observa cómo suben los números en la bomba, surge inevitablemente una pregunta política: ¿quién tiene la culpa?
En estos momentos, algunos comentarios en medios de comunicación, redes sociales y conversaciones de la comunidad atribuyen directamente el elevado precio de la gasolina al presidente Donald Trump. Pero no es así.
El funcionamiento del mercado energético es considerablemente más complejo. El presidente de Estados Unidos no establece el precio del petróleo ni decide cuánto cuesta un galón de gasolina.
De hecho, los acontecimientos internacionales y las condiciones actuales de oferta y refinación ayudan a explicar buena parte del incremento.
Según AAA, este 5 de octubre el precio promedio nacional de la gasolina regular se encuentra alrededor de $4.37 por galón, frente a aproximadamente $3.13 hace un año.
Sí. Tomando los precios publicados hoy, 6 de octubre de 2026, y convirtiendo el litro al galón estadounidense (3.785 litros) para que pueda compararlo directamente con Miami:
| Lugar | Gasolina regular | Diésel |
| España | €1.804/L → €6.83/galón | €1.908/L → €7.22/galón |
| Francia | €2.174/L → €8.23/galón | €2.381/L → €9.01/galón |
| 🇬🇧 Londres | £1.746/L → £6.61/galón | £2.001/L → £7.57/galón |
| 🇦🇷 Argentina | ≈2,097 pesos/L → ≈7,937 pesos/galón | ≈2,200–2,300 pesos/L → ≈8,330–8,706 pesos/galón |
Según nuestras investigaciones, Donald Trump no es el presidente de estos países.
EL PETRÓLEO SE NEGOCIA EN UN MERCADO MUNDIAL
El primer elemento que debe entenderse es que el petróleo es una materia prima cuyo precio se determina fundamentalmente en el mercado internacional.
La oferta mundial, la demanda, los inventarios, las guerras, las sanciones, las interrupciones del transporte y las expectativas de los inversionistas pueden provocar movimientos importantes de precios.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) explica además que las decisiones de producción de la OPEP tienen capacidad para influir significativamente en el mercado. Los países de la organización representan aproximadamente el 35% de la producción mundial de crudo, mientras que sus exportaciones representan alrededor de la mitad del petróleo comercializado internacionalmente.
Por eso, cuando grandes productores reducen la producción, cuando desaparecen barriles del mercado o cuando una guerra amenaza las principales rutas petroleras, los precios pueden aumentar independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
EL FACTOR QUE HOY NO PUEDE IGNORARSE: MEDIO ORIENTE
La situación actual ofrece un ejemplo particularmente claro.
La EIA informó este 4 de octubre que durante el tercer trimestre de 2026 los precios del petróleo aumentaron en medio de la persistencia del conflicto en Medio Oriente.
El Brent comenzó julio alrededor de $72 por barril, superó los $100 durante ese mismo mes y el precio de futuros llegó a alcanzar $109 por barril el 15 de septiembre. Los precios al contado llegaron incluso a aproximadamente $132, según la agencia federal.
Las interrupciones de suministro, especialmente las relacionadas con Medio Oriente, han ejercido una presión considerable sobre el mercado.
La propia EIA estima que los inventarios mundiales de petróleo han disminuido aproximadamente 400 millones de barriles durante 2026 y señala que las restricciones a las exportaciones de petróleo de Medio Oriente continuarán afectando al mercado.
Por tanto, atribuir todo el incremento simplemente a una decisión de Donald Trump no describe adecuadamente lo que está ocurriendo en el mercado mundial.
OPEP, GUERRAS Y ESTRECHO DE ORMUZ
Otro elemento fundamental es el estrecho de Ormuz, una de las rutas estratégicas para el transporte mundial de petróleo.
Cuando aumenta el peligro de interrupciones en una región petrolera tan importante, los mercados incorporan inmediatamente ese riesgo a los precios.
Además, la OPEP y sus aliados pueden modificar sus niveles de producción. La EIA señala que históricamente los precios del petróleo tienden a aumentar cuando la organización reduce sus objetivos de producción.
Eso significa que Washington tiene influencia sobre el mercado energético mundial, pero no controla unilateralmente la cantidad de petróleo que producen Arabia Saudita, Rusia y otros grandes exportadores ni puede eliminar mediante una orden presidencial los efectos de una guerra o de una interrupción internacional del suministro.
PERO TAMPOCO SERÍA CORRECTO DECIR QUE EL PRESIDENTE NO INFLUYE
Aquí también debemos evitar el extremo contrario.
Las políticas de una administración estadounidense sí pueden influir indirectamente en los precios.
Las decisiones sobre permisos y producción petrolera, oleoductos, regulaciones ambientales, sanciones económicas, relaciones con países productores, utilización de la Reserva Estratégica de Petróleo y política energética general pueden aumentar o reducir determinadas presiones sobre el mercado.
Pero influencia no significa control.
Ningún presidente estadounidense dispone de un botón en la Oficina Oval que permita fijar mañana la gasolina a $2, $3 o $5 por galón.
¿QUÉ COMPONE REALMENTE EL PRECIO DE UN GALÓN?
La EIA identifica cuatro grandes componentes del precio que paga el consumidor estadounidense:
Petróleo crudo; costos y márgenes de refinación; distribución y comercialización; e impuestos.
El petróleo crudo constituye normalmente el componente más importante. A ello se agregan los costos de convertirlo en gasolina, transportarla hasta las estaciones de servicio y los impuestos federales, estatales y locales.
Actualmente, además, existe otro problema importante: la capacidad y los márgenes de refinación.
La EIA informó recientemente que las interrupciones de refinerías en Rusia, China y Medio Oriente han reducido el suministro mundial de combustibles. Las importaciones estadounidenses de gasolina desde marzo estuvieron un 32% por debajo del promedio de los cinco años anteriores, contribuyendo a mantener elevados los márgenes de refinación.
DE LA BOMBA DE GASOLINA AL SUPERMERCADO
El problema no termina cuando el conductor llena el tanque.
El diesel mueve una parte importante del transporte comercial estadounidense: camiones llevan alimentos, bebidas, productos industriales y mercancías hasta supermercados, almacenes y comercios.
Cuando aumenta el combustible, pueden aumentar los costos de transporte y distribución. Las empresas pueden absorber parte de esos gastos, mejorar eficiencia o trasladar parte del incremento al consumidor.
Por eso un aumento prolongado de los combustibles puede terminar ejerciendo presión sobre numerosos productos de consumo.
No significa que todo aumento de precios en el supermercado sea causado por el petróleo —los alimentos dependen también de salarios, materias primas, clima, fertilizantes, alquileres y otros factores—, pero la energía y el transporte forman parte de la estructura de costos de buena parte de la economía.
¿ENTONCES DE QUIÉN ES LA CULPA?
Probablemente esa sea la pregunta equivocada.
En lugar de buscar un único culpable político, los datos actuales apuntan a una combinación de factores: conflicto en Medio Oriente, restricciones e interrupciones de suministro, menores inventarios mundiales, decisiones de grandes productores, problemas internacionales de refinación y las condiciones normales de oferta y demanda del mercado energético.
Las políticas del gobierno estadounidense forman parte de la ecuación y pueden ayudar a amortiguar o agravar determinadas presiones. Pero responsabilizar exclusivamente al presidente Trump —de la misma manera que sería incorrecto responsabilizar automáticamente a cualquier presidente por cada subida o bajada de la gasolina— simplifica excesivamente un mercado mundial extraordinariamente complejo.
Los estadounidenses tienen derecho a cuestionar la política energética de cualquier administración.
Pero también tienen derecho a conocer cómo funciona realmente el mercado.
La Casa Blanca puede influir en el precio de la gasolina. No puede fijarlo.
Y mientras conflictos internacionales reduzcan o amenacen el suministro de petróleo y combustibles refinados, lo que ocurra a miles de millas de Estados Unidos continuará apareciendo, tarde o temprano, en el precio que los estadounidenses ven en la bomba de gasolina y, en cierta medida, en otros costos de la vida cotidiana.
FOTO: Reporta.news S.I.


