Play Live Music

Facebook
WhatsApp
Reddit
Twitter
LinkedIn
Email

Cuba se convierte en una “boca de lobo”: los apagones también alimentan el miedo a los asaltos

MIAMI, Reporta.news— La crisis cubana ya no se mide solamente en horas sin electricidad, largas colas para conseguir alimentos o la escasez de combustible. Para muchos cubanos, especialmente quienes deben desplazarse de noche, la oscuridad se ha convertido en otro elemento de inseguridad.

En las calles de La Habana y de otras ciudades de la isla comienzan a multiplicarse los relatos de robos y asaltos cometidos aprovechando la escasa iluminación provocada por los apagones. El miedo a salir de casa después de determinada hora se ha convertido, para algunas familias, en una preocupación cotidiana.

Uno de los casos más recientes ocurrió en La Habana, cuando una pareja que regresaba de Regla fue interceptada poco después de las once de la noche, en una avenida poco iluminada en la entrada de Guanabacoa.

Según el relato de las víctimas, dos hombres encapuchados que viajaban en una motocicleta de combustión se acercaron por detrás. Uno de ellos llevaba un cuchillo y, bajo amenaza, obligaron a la pareja a entregar su motocicleta eléctrica.

“Volvíamos a casa cuando aparecieron por detrás”, habría relatado una de las víctimas. El hombre que viajaba como pasajero llevaba un puñal y fue quien utilizó la amenaza para consumar el robo.

Más allá del valor material de la motocicleta, el episodio refleja una preocupación que comienza a aparecer con fuerza en los testimonios de ciudadanos: la oscuridad de las calles está siendo percibida como un factor que facilita la acción de los delincuentes.

De los apagones al miedo

Los apagones no solamente dejan hogares sin luz. También afectan el alumbrado público, reducen la visibilidad en avenidas y calles y obligan a miles de personas a desplazarse en condiciones de mayor vulnerabilidad.

En una ciudad donde el transporte público atraviesa además una profunda crisis y las motocicletas eléctricas se han convertido en una alternativa indispensable para muchas familias, estos vehículos también pueden convertirse en un objetivo atractivo para los delincuentes.

El problema adquiere otra dimensión cuando quienes regresan a sus casas tienen que atravesar zonas prácticamente a oscuras.

“Cuba entera es una boca de lobo”, es una de las expresiones utilizadas por ciudadanos que viven esta realidad y que consideran que la inseguridad ya no es un problema limitado a determinados barrios.

Una crisis que se extiende

La inseguridad es apenas una de las consecuencias indirectas de la crisis que atraviesa la isla.

La falta de combustible limita el transporte. Los apagones afectan la iluminación y paralizan actividades cotidianas. La escasez obliga a las personas a dedicar cada vez más tiempo a conseguir alimentos y productos básicos.

En ese contexto, las calles vacías y mal iluminadas durante la noche generan un escenario especialmente preocupante.

Sin embargo, es importante distinguir entre los casos y testimonios que circulan entre la población y la existencia de estadísticas oficiales que permitan determinar con precisión cuánto han aumentado los robos y asaltos en Cuba. El gobierno cubano no ofrece de manera regular información pública suficientemente detallada que permita dimensionar con independencia este fenómeno.

Lo que sí resulta evidente a partir de los testimonios es el cambio en la percepción de seguridad de numerosos ciudadanos.

Para quienes han sido víctimas de un asalto, la oscuridad no es simplemente la consecuencia de un apagón. Es el momento en que sienten que pueden quedar indefensos.

La otra cara de la crisis energética

Durante años, el discurso oficial cubano ha presentado los apagones principalmente como consecuencia de la falta de combustible, las averías de las termoeléctricas y las dificultades económicas agravadas por las sanciones estadounidenses.

Pero existe otra cara de la crisis que pocas veces aparece en los partes oficiales: sus efectos sobre la seguridad cotidiana.

Una calle sin iluminación significa menos visibilidad para conductores y peatones. Una motocicleta que circula de noche puede convertirse en un blanco más fácil. Y una persona que necesita regresar a su casa después de un apagón puede tener que recorrer zonas donde prácticamente no existe iluminación pública.

La crisis energética, por tanto, termina teniendo consecuencias que van mucho más allá de encender o apagar una bombilla.

“Boca de lobo”

La expresión utilizada por algunos cubanos resume el sentimiento: “Cuba es una boca de lobo”.

No se trata solamente del miedo a los apagones. Es el temor a lo que puede ocurrir mientras las calles permanecen oscuras.

El asalto de Guanabacoa es un ejemplo de una preocupación que comienza a formar parte de la vida cotidiana de muchas personas: salir de noche, regresar del trabajo, trasladarse en una motocicleta o simplemente caminar hasta la casa puede convertirse en una experiencia marcada por la incertidumbre.

Y mientras la crisis eléctrica continúa profundizándose, la pregunta para muchos cubanos ya no es únicamente cuándo regresará la luz.

Es también qué ocurrirá mientras las calles permanecen a oscuras.

En Cuba, la oscuridad dejó de ser solamente un problema energético. Para muchos ciudadanos, también se ha convertido en un problema de seguridad.

FOTO: IA Archivo

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Stay Informed. Stay Updated.

Join our newsletter for timely news, headlines, and important updates.

We don’t spam! Read our privacy policy for more info.