Miami, Reporta.news— La crisis de la basura en La Habana vuelve a poner en evidencia las profundas dificultades que enfrenta el sistema cubano para resolver incluso los problemas más elementales de la vida cotidiana. Esta vez, el fracaso tiene nombre propio: El Rampeño, un proyecto de desarrollo local concebido para recoger desechos en el Vedado mediante triciclos eléctricos.
El proyecto no alcanzó el objetivo para el que fue creado. Y lo más significativo es que la propia autoridad encargada de impulsarlo terminó reconociendo públicamente que no pudo concretarse.
Según informó Martí Noticias, Pedro Garcés, presidente del Consejo Popular Rampa, lamentó que el proyecto no haya conseguido materializar su propósito. Entre las principales dificultades mencionó la falta de los triciclos eléctricos que debían ser donados por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba y el Gobierno central.
Es decir, el proyecto nació dependiendo precisamente de las mismas estructuras estatales que durante décadas han demostrado su incapacidad para garantizar servicios básicos como la recogida de basura.
Pero el problema no terminó con la falta de vehículos. Garcés también señaló que nunca se consiguió culminar la llamada “solinera” de 23 y J, instalación necesaria para la carga de los triciclos eléctricos.
A esto se sumó otro obstáculo que resume buena parte de la crisis cubana actual: la falta de energía eléctrica.
El propio funcionario reconoció la “morosidad en la búsqueda de alternativas” para enfrentar las necesidades energéticas del proyecto, aunque algunas instituciones y centros de trabajo han colaborado proporcionando lugares donde cargar los triciclos.
El caso de El Rampeño resulta particularmente revelador porque se pretendía utilizar una solución relativamente sencilla para enfrentar un problema que se ha convertido en una de las imágenes más visibles del deterioro urbano de La Habana: montañas de basura acumuladas en las calles, contenedores desbordados y una recogida de desechos cada vez más irregular.
La pregunta inevitable es: ¿cómo puede funcionar un proyecto de recogida de basura con vehículos eléctricos en una ciudad que ni siquiera puede garantizar de manera estable la electricidad necesaria para cargarlos?
El problema no parece ser únicamente tecnológico. Es también administrativo, financiero y estructural.
Durante años, las autoridades cubanas han anunciado programas, proyectos locales, inversiones y nuevas fórmulas para enfrentar la crisis de los servicios públicos. Sin embargo, muchos terminan chocando contra la misma realidad: falta de combustible, falta de piezas, falta de equipos, problemas energéticos, burocracia y una economía incapaz de sostener las soluciones anunciadas.
El Rampeño se convierte así en otro ejemplo de una contradicción que afecta al país entero: se anuncian proyectos para solucionar problemas que el propio sistema no tiene capacidad material para ejecutar.
Y mientras los proyectos fracasan, la basura permanece.
Para los residentes de La Habana, el problema no es una discusión administrativa ni una estadística. Es algo que ven diariamente frente a sus viviendas, negocios y comunidades. La acumulación de desechos genera malos olores, atrae insectos y roedores y deteriora todavía más el entorno urbano.
El fracaso de El Rampeño también plantea dudas sobre el llamado modelo de desarrollo local promovido por el Gobierno cubano. Si un proyecto destinado a recoger basura depende de donaciones que no llegan, de una instalación energética que no se termina y de soluciones improvisadas para poder cargar sus vehículos, difícilmente puede considerarse un modelo sostenible.
La basura, mientras tanto, continúa acumulándose.
El Rampeño no es solamente la historia de unos triciclos que nunca llegaron. Es el reflejo de un sistema que anuncia soluciones, pero tropieza una y otra vez con la falta de recursos y con su propia incapacidad para ejecutarlas.
En una Cuba donde conseguir alimentos, combustible, medicinas y electricidad se ha convertido en una batalla cotidiana, ahora hasta recoger la basura requiere proyectos especiales, donaciones y soluciones de emergencia.
Y cuando esas soluciones tampoco funcionan, lo que queda en las calles es precisamente aquello que el proyecto prometía eliminar: la basura.
FOTO: CubaDebate


