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¿Hacia una América Latina dolarizada? Venezuela pone nuevamente al dólar en el centro del debate

Miami, Reporta.news— La batalla por el futuro económico de Venezuela podría estar entrando en una nueva etapa y, esta vez, el protagonista no sería el bolívar, sino el dólar estadounidense.

En medio de una economía golpeada por años de inflación, pérdida del poder adquisitivo y profunda desconfianza en la moneda nacional, un economista estadounidense acaba de poner sobre la mesa una propuesta radical: eliminar el bolívar, cerrar el Banco Central de Venezuela y convertir oficialmente al dólar estadounidense en la moneda del país.

El plan fue elaborado por el economista estadounidense Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins y uno de los principales defensores de la dolarización en el mundo, en colaboración con el diputado venezolano Antonio Ecarri. La propuesta busca convertir en oficial una realidad que ya existe parcialmente en Venezuela: millones de venezolanos utilizan dólares para ahorrar, fijar precios y realizar transacciones.

La propuesta llega en un momento especialmente delicado para la economía venezolana. Según Hanke, la inflación anual venezolana se encuentra alrededor del 400%, una situación que continúa destruyendo el valor del bolívar y reduciendo el poder de compra de los ciudadanos.

El plan de Hanke

La idea es sencilla en su formulación, aunque gigantesca en sus consecuencias.

El bolívar dejaría de existir como moneda nacional y sería sustituido por el dólar estadounidense. Al mismo tiempo, desaparecería el Banco Central como autoridad encargada de emitir moneda y manejar la política monetaria.

En otras palabras, el gobierno venezolano perdería la posibilidad de financiar sus gastos mediante la emisión de nuevos bolívares.

Para Hanke, precisamente ahí está una de las claves del problema venezolano: durante años, los gobiernos utilizaron la emisión monetaria para financiar sus obligaciones, mientras la producción petrolera y la economía nacional se deterioraban.

El resultado fue la destrucción progresiva de la moneda.

La dolarización, según sus defensores, obligaría al gobierno a gastar solamente lo que realmente tiene y podría devolver confianza a los inversionistas y a los ciudadanos.

Venezuela ya está parcialmente dolarizada

La propuesta tampoco aparece de la nada.

Desde hace varios años, el dólar se ha convertido en una moneda utilizada ampliamente en Venezuela. Aunque el bolívar continúa siendo la moneda oficial, el dólar es utilizado en numerosos comercios y transacciones y se ha convertido para muchos venezolanos en un mecanismo de protección frente a la pérdida de valor de la moneda nacional.

Por eso, la discusión actual no es necesariamente si Venezuela utiliza o no dólares.

La verdadera pregunta es otra:

¿Debe Venezuela reconocer oficialmente el dólar como su moneda y abandonar definitivamente el bolívar?

Esa posibilidad ha generado una fuerte reacción dentro del chavismo.

El diputado Antonio Ecarri fue apartado de la presidencia del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Estados Unidos después de anunciar sus conversaciones con Hanke. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, rechazó la propuesta y promovió una investigación contra Ecarri.

¿Y qué tiene que ver Donald Trump?

Aquí aparece una pregunta mucho más grande.

La administración de Donald Trump ha colocado nuevamente al dólar, la energía estadounidense y la influencia económica de Washington en el centro de su política hacia América Latina.

Y Venezuela es probablemente el caso más importante.

La reciente estrategia estadounidense hacia Caracas está estrechamente relacionada con la reconstrucción de la industria petrolera venezolana y con la incorporación de capital estadounidense al sector energético. El 28 de agosto, Trump anunció un acuerdo mediante el cual Estados Unidos asumiría una participación importante en el desarrollo de las enormes reservas petroleras venezolanas. El proyecto contempla inversiones cercanas a los 100.000 millones de dólares.

En ese contexto, una Venezuela que utilice oficialmente el dólar tendría una relación económica todavía más estrecha con Estados Unidos.

Pero conviene hacer una distinción.

No existe, al menos públicamente, una política oficial de la Casa Blanca que establezca que todos los países latinoamericanos deben dolarizarse.

Lo que sí existe es un debate cada vez más visible sobre el papel del dólar en las economías latinoamericanas y sobre si algunos países deberían abandonar monedas nacionales debilitadas para adoptar la moneda estadounidense.

Ecuador y Panamá constituyen los ejemplos más conocidos de economías latinoamericanas que utilizan oficialmente el dólar.

El atractivo político del dólar

Para Washington, una mayor utilización internacional del dólar tiene evidentes ventajas económicas y estratégicas.

Mientras más países utilicen dólares para sus transacciones, ahorros, contratos y comercio internacional, mayor será la demanda de la moneda estadounidense.

Pero la dolarización también tiene otra dimensión.

Un país que adopta el dólar renuncia a su propia política monetaria. Ya no puede imprimir su propia moneda cuando enfrenta una crisis, devaluarla para intentar recuperar competitividad o utilizar las tasas de interés de su banco central como instrumento de política económica.

Es precisamente por eso que algunos economistas venezolanos cuestionan la propuesta de Hanke.

Sus críticos argumentan que la dolarización puede controlar la inflación, pero también puede convertirse en una camisa de fuerza para una economía que necesita reconstruir su industria, aumentar la producción y recuperar su sistema financiero.

¿Una nueva batalla por el dólar?

La discusión venezolana podría terminar siendo mucho más importante de lo que parece.

Durante décadas, América Latina ha experimentado períodos de inflación, devaluaciones y crisis monetarias. En cada una de esas crisis, el dólar estadounidense ha aparecido como refugio para los ciudadanos que pierden la confianza en sus propias monedas.

Ahora Venezuela enfrenta una situación extraordinaria: un país petrolero con enormes reservas de crudo, una moneda prácticamente desacreditada y una economía que necesita desesperadamente capital extranjero.

Hanke propone eliminar el bolívar.

Washington está impulsando una profunda transformación de la relación económica con Venezuela.

Y el dólar ya circula ampliamente dentro del país.

La pregunta, entonces, no es solamente qué moneda utilizará Venezuela.

La pregunta es si Venezuela puede convertirse en el laboratorio de una nueva etapa de influencia económica estadounidense en América Latina.

Porque si la experiencia venezolana demuestra que una economía destruida puede estabilizarse mediante la adopción plena del dólar, otros países de la región podrían comenzar a preguntarse si mantener una moneda nacional debilitada tiene realmente sentido.

Y allí la discusión dejaría de ser exclusivamente venezolana.

Podría convertirse en una discusión sobre el futuro económico de toda América Latina y sobre el papel que Estados Unidos quiere que desempeñe su moneda en el hemisferio.

FOTO: IA

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