Miami, Reporta.news— La crisis de los servicios básicos ha convertido una necesidad elemental en otra prueba de supervivencia para los cubanos: esperar una pipa, hacer la cola y llenar los recipientes antes de que se acabe el agua.
Hay cosas que, cuando uno las escucha desde fuera de Cuba, parecen inventadas.
Una de ellas es esta: en una isla rodeada de agua, miles de personas tienen que esperar que el agua llegue en camiones.
No es una metáfora. Es la realidad cotidiana de numerosos cubanos.
En lugar de abrir la llave y esperar que salga agua, los vecinos deben estar pendientes de cuándo aparece la famosa “pipa”, el camión cisterna que lleva el líquido hasta comunidades donde el suministro por las tuberías no funciona o simplemente no existe con la regularidad necesaria.
Y cuando llega la pipa, comienza la segunda parte de la aventura: la cola.
Una vecina de Luyanó, identificada como Marilyn, contó a medios de prensa que ha acudido varias veces a estos puntos de distribución porque puede obtener el agua gratuitamente.
“Tremenda cola que se forma algunas veces”, relató.
La escena tiene algo de surrealista: personas esperando con recipientes para recoger un recurso que debería llegar directamente a sus hogares.
Marilyn, además, rechazó la posibilidad de que se cobre por llevar el agua hasta las viviendas.
“Es una falta de respeto que quieran cobrar eso solo por mandar el agua a las casas”, dijo.
Y quizás tenga razón en algo fundamental: el agua no debería ser un lujo ni una mercancía inaccesible para una familia.
Pero la discusión sobre si debe cobrarse o no termina siendo casi secundaria frente a una pregunta mucho más incómoda:
¿Cómo llegó Cuba a esto?
La isla dispone de una extensa red de acueductos, pero décadas de deterioro, falta de mantenimiento, salideros, problemas eléctricos y dificultades para garantizar el bombeo han convertido el suministro de agua en otro de los grandes dolores de cabeza de la población.
El resultado está a la vista.
Donde antes debía bastar con abrir una llave, ahora hay que esperar un camión.
Donde debía existir un servicio público regular, aparecen colas.
Y donde debería haber normalidad, hay improvisación.
El “acueducto sobre ruedas”
La pipa se ha convertido prácticamente en un acueducto sobre ruedas.
Llega cuando puede, distribuye lo que puede y los vecinos reciben lo que alcanzan a recoger.
Después toca almacenar.
Porque nadie sabe con certeza cuándo volverá.
Así, en pleno siglo XXI, muchas familias cubanas tienen que organizar su vida alrededor de algo tan elemental como el agua: cuándo llega, dónde recogerla, cuánto pueden cargar y cuánto tiempo tendrán que esperar.
Y todo esto ocurre en La Habana, la capital de un país que durante décadas se presentó ante el mundo como un ejemplo de desarrollo social y de acceso universal a los servicios básicos.
La ironía de una isla rodeada de agua
Quizás por eso esta historia resulta tan llamativa.
Cuba es una isla.
El mar está por todas partes.
Pero para miles de cubanos, el problema no es encontrar agua en el mapa. El problema es conseguir que llegue hasta la casa.
Y esa contradicción resume buena parte de la Cuba actual.
Una nación que alguna vez presumió de infraestructura, educación y servicios sociales hoy enfrenta dificultades para garantizar electricidad, combustible, alimentos, medicamentos y hasta agua corriente.
La crisis se mide en apagones, en colas, en anaqueles vacíos y ahora también en camiones cisterna recorriendo barrios enteros.
Por eso, quizá la mejor fotografía de la Cuba de hoy no sea una estadística ni un discurso oficial.
Puede ser simplemente una pipa estacionada en una calle de La Habana, rodeada de vecinos con cubos y tanques esperando su turno.
Porque en Cuba, la isla rodeada de agua, hasta el agua llega sobre ruedas.
FOTO: Reporta.news AI


