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EN MI OPINIÓN | La paz no se consigue negociando con quienes siguen disparando misiles

Miami, Reporta.news— Hay momentos en la historia en que los líderes deben tomar decisiones que no son populares, pero sí necesarias. Donald Trump enfrenta hoy uno de esos momentos.

Mientras la Casa Blanca insiste en mantener abierta la puerta de la diplomacia, el régimen iraní responde con misiles balísticos dirigidos contra tropas estadounidenses desplegadas en Oriente Medio. Esa no es la conducta de un gobierno que busca la paz; es la de un régimen que interpreta cada gesto de diálogo como una oportunidad para ganar tiempo y mantener la iniciativa.

El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó que fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica lanzaron este martes un ataque sorpresa con varios misiles balísticos contra posiciones estadounidenses. Gracias a la capacidad defensiva de las fuerzas norteamericanas, el ataque fue frustrado, evitando una tragedia que pudo haber costado la vida de numerosos militares.

La pregunta es inevitable: ¿cuántas oportunidades más debe tener Irán antes de que Estados Unidos responda con toda la fuerza necesaria para eliminar la amenaza?

Durante más de cuatro décadas, el régimen de los ayatolás ha construido una estrategia basada en la confrontación. Ha financiado organizaciones armadas, ha desarrollado programas de misiles, ha desafiado sanciones internacionales y ha convertido la inestabilidad regional en un instrumento de política exterior. Cada administración estadounidense ha intentado una fórmula distinta para contener esa amenaza, pero el comportamiento de Teherán apenas ha cambiado.

Donald Trump llegó a la presidencia con una filosofía distinta: la paz mediante la fuerza. Su administración sostiene que Estados Unidos no busca guerras innecesarias, pero tampoco aceptará ataques contra sus ciudadanos, sus soldados o sus aliados.

Los hechos de este martes ponen esa doctrina a prueba.

Ningún presidente puede permitir que miles de militares estadounidenses desplegados en bases de Oriente Medio vivan bajo la amenaza permanente de ataques con misiles. La primera obligación del comandante en jefe es proteger a quienes sirven bajo la bandera de Estados Unidos.

Sin embargo, también es importante distinguir entre el régimen iraní y el pueblo iraní. Millones de ciudadanos han sufrido durante años las consecuencias de un sistema político autoritario, de una economía debilitada por las sanciones y de una profunda falta de libertades. Una respuesta militar dirigida contra instalaciones estratégicas o capacidades militares del régimen no equivale necesariamente a una guerra contra la población iraní. Esa diferencia resulta fundamental.

Si la comunidad internacional realmente desea estabilidad en Oriente Medio, deberá comprender que la paz no depende únicamente de firmar acuerdos, sino también de impedir que quienes recurren a la violencia puedan seguir utilizándola como instrumento político.

La historia ofrece numerosas lecciones. Los regímenes que perciben debilidad suelen aumentar sus provocaciones. En cambio, cuando enfrentan consecuencias claras por sus acciones, las posibilidades de negociación suelen fortalecerse. La disuasión ha sido, durante décadas, uno de los pilares de la política de seguridad de Estados Unidos.

Hoy Donald Trump enfrenta un dilema que definirá buena parte de su política exterior: continuar apostando por la diplomacia mientras Irán mantiene su agresividad o incrementar la presión para reducir la capacidad militar del régimen y obligarlo a negociar desde una posición diferente.

Sea cual sea el camino que elija, una realidad parece incuestionable: la paz no puede construirse mientras continúen los ataques contra fuerzas estadounidenses.

Negociar siempre es preferible a combatir. Pero negociar solo tiene sentido cuando ambas partes demuestran una voluntad real de abandonar la violencia. Si una de ellas continúa lanzando misiles mientras habla de diálogo, la diplomacia corre el riesgo de convertirse en una ilusión.

La paz sigue siendo el objetivo. Pero la seguridad de Estados Unidos y de sus aliados debe seguir siendo la prioridad.

FOTO: DW

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