MIAMI, Reporta.news— Durante décadas, el gobierno comunista cubano ha sobrevivido políticamente hablando de sus relaciones con países amigos, enemigos y, sobre todo, de la posibilidad de conseguir en el exterior aquello que ya no puede producir dentro de la Isla.
México ha sido históricamente uno de esos países que, pese a los cambios políticos y económicos, ha mantenido abiertos importantes canales comerciales con La Habana. Pero algo parece estar cambiando.
Reportes llegados a Reporta.news indican que el comercio entre México y Cuba ha sufrido una fuerte contracción durante el último año. Según la información recibida, las exportaciones mexicanas de productos no petroleros hacia la Isla habrían caído en más de un 94%, mientras algunos productos prácticamente han desaparecido del intercambio bilateral.
Y hay otro elemento todavía más significativo: el combustible mexicano que durante años representó una importante fuente de suministro para Cuba también habría dejado de llegar como consecuencia del nuevo escenario energético provocado por las medidas de Estados Unidos.
Si estos datos terminan siendo confirmados por las estadísticas oficiales, estaríamos ante algo mucho más importante que una simple reducción comercial.
Estaríamos viendo cómo se achica, poco a poco, el círculo de países dispuestos —o capaces— de continuar financiando la supervivencia económica del régimen cubano.
Cuba se queda cada vez con menos opciones
El problema para La Habana es que Cuba no tiene una economía capaz de generar suficientes divisas para sostener sus necesidades básicas de importación.
La Isla necesita comprar combustible, alimentos, medicinas, piezas de repuesto, materias primas y prácticamente todo aquello que una economía moderna necesita para funcionar.
Pero para comprar hay que pagar.
Y para pagar hacen falta dólares.
Durante años, el gobierno cubano ha intentado compensar sus deficiencias internas mediante acuerdos comerciales, créditos, ayuda política y relaciones preferenciales con determinados gobiernos.
Pero cuando esas puertas comienzan a cerrarse, el problema deja de ser diplomático y se convierte rápidamente en un problema de supervivencia económica.
México, por su proximidad geográfica, su tamaño económico y su relación histórica con Cuba, ha representado una de esas puertas.
Por eso una caída tan pronunciada del comercio mexicano debería ser observada con mucha atención.
El petróleo es solamente una parte del problema
La interrupción del suministro de combustible puede tener consecuencias que van mucho más allá de las gasolineras.
Sin combustible no hay transporte suficiente.
Sin transporte se dificulta la distribución de alimentos.
Sin energía se paralizan industrias.
Sin electricidad confiable se deterioran los servicios públicos.
Y cuando todo esto ocurre simultáneamente, la población termina pagando la factura.
El gobierno puede culpar a Washington, a las sanciones, al embargo o a cualquier otro factor externo. Pero hay una pregunta que inevitablemente vuelve a aparecer:
¿Por qué después de más de seis décadas de revolución Cuba continúa dependiendo de que otros países le vendan o le regalen lo que necesita para funcionar?
Esa es la pregunta que el régimen nunca quiere responder.
El problema no es solamente Estados Unidos
La narrativa oficial cubana intenta presentar la actual crisis como consecuencia exclusiva de la política estadounidense.
Pero la realidad es mucho más compleja.
Si un país pierde simultáneamente capacidad de compra, producción, inversión y acceso a mercados, no puede atribuir todas sus dificultades a un solo factor.
La economía cubana lleva décadas arrastrando problemas estructurales: baja productividad, falta de inversión, deterioro de la infraestructura, falta de incentivos, fuga de capital humano y un modelo económico incapaz de generar la riqueza necesaria para sostener a su propia población.
Ahora, además, enfrenta un escenario internacional mucho más complicado.
Los gobiernos amigos tienen sus propios problemas.
Las empresas quieren cobrar.
Los bancos quieren garantías.
Los proveedores quieren recibir su dinero.
Y la solidaridad política no siempre sobrevive cuando aparece una factura millonaria.
¿Está cambiando la relación de México con La Habana?
Esta es quizás la pregunta más interesante.
México ha mantenido históricamente una relación especial con Cuba. Por eso cualquier reducción significativa del intercambio comercial merece ser examinada más allá de las cifras.
No necesariamente significa que México esté rompiendo políticamente con La Habana.
Pero sí podría significar que la realidad económica comienza a imponerse sobre la retórica política.
Una cosa es mantener relaciones diplomáticas con Cuba.
Otra muy diferente es mantener indefinidamente un comercio que no resulta rentable, especialmente cuando existen riesgos financieros, problemas de pago y un escenario internacional cada vez más complejo.
Y aquí está el verdadero dilema para La Habana.
El régimen puede mantener discursos, consignas y declaraciones políticas.
Pero no puede fabricar dólares con propaganda.
La pregunta que queda sobre la mesa
Durante años, Cuba ha logrado sobrevivir gracias a una combinación de aliados políticos, créditos, subsidios, petróleo extranjero y remesas.
Primero fue la Unión Soviética.
Después llegaron Venezuela y otros socios.
Ahora México parece estar reduciendo significativamente su participación comercial, de acuerdo con los reportes que hemos recibido.
Y mientras las puertas se van cerrando, la economía cubana continúa deteriorándose.
Por eso, más que preguntarnos cuánto ha caído el comercio entre México y Cuba, deberíamos preguntarnos:
¿Cuántas puertas más tendrá que cerrarle el mundo a La Habana antes de que el gobierno cubano reconozca que el problema no está afuera, sino dentro de su propio modelo económico?
Cuba no necesita solamente nuevos proveedores.
Necesita producir.
Necesita invertir.
Necesita recuperar la confianza.
Necesita permitir que el sector privado genere riqueza.
Y, sobre todo, necesita dejar de construir su futuro dependiendo de quién esté dispuesto a mantener abierto el próximo salvavidas.
Porque los salvavidas, tarde o temprano, se agotan.
Y quizás eso sea precisamente lo que estamos comenzando a ver.
FOTO: El Sol


