MIAMI, Reporta.news— Durante décadas, hablar de un cambio político en Cuba ha sido casi un ejercicio de imaginación. El sistema establecido por Fidel Castro hace más de seis décadas ha sobrevivido a presidentes estadounidenses, crisis económicas, el derrumbe de la Unión Soviética, el éxodo de millones de cubanos y a diferentes etapas de confrontación y acercamiento con Washington.
Pero en las últimas horas, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó una de las declaraciones más contundentes de la actual Administración de Donald Trump sobre el futuro de la Isla.
Rubio aseguró estar convencido de que, antes de que termine la actual Administración estadounidense, Cuba estará encaminada de manera irreversible hacia un futuro completamente diferente.
No habló simplemente de una modificación de la política económica cubana ni de pequeñas reformas dentro del sistema. Sus palabras apuntan a una transformación mucho más profunda.
“No puedes tener algo 70 años en el mismo lugar, con raíces crecidas, y pensar que de la noche a la mañana vas a poder arrancarlo todo y plantar algo completamente nuevo”, explicó Rubio.
Y añadió una frase que probablemente tendrá enorme repercusión entre los cubanos dentro y fuera de la Isla: “Tiene que ocurrir una transición y un proceso”.
Rubio no habla de un cambio de la noche a la mañana
La importancia de las declaraciones de Rubio está precisamente en que no presentó el futuro cubano como una transformación instantánea.
Por el contrario, reconoció que el sistema cubano lleva décadas construyendo estructuras políticas, económicas y sociales que no desaparecerían simplemente con una decisión.
Para explicar su punto, recurrió a una comparación histórica: Europa del Este después de la caída del Muro de Berlín.
Según Rubio, aquellos países no se transformaron completamente de un día para otro. El secretario de Estado mencionó particularmente a Polonia y señaló que algunas de esas sociedades necesitaron entre tres y cinco años para convertirse en lo que son actualmente.
La comparación resulta significativa.
El Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989, pero la desaparición del comunismo en Europa del Este no significó que al día siguiente existieran democracias consolidadas, economías de mercado plenamente desarrolladas y nuevas instituciones funcionando con normalidad.
Fue un proceso.
Y precisamente esa palabra —proceso— parece ser fundamental en la visión que Rubio está expresando sobre Cuba.
Una Cuba que enfrenta una crisis cada vez más profunda
Las palabras del secretario de Estado llegan en momentos particularmente difíciles para los cubanos.
La Isla enfrenta una severa crisis energética, apagones prolongados, escasez de combustible, dificultades para obtener alimentos y medicamentos y una economía que continúa deteriorándose.
Al mismo tiempo, Washington ha incrementado la presión sobre el gobierno cubano y ha dirigido buena parte de sus medidas contra estructuras económicas vinculadas al aparato militar.
En los últimos meses, Rubio ha defendido una política de presión sostenida y ha insistido en que Estados Unidos no pretende ofrecer al gobierno cubano mecanismos para evadir las sanciones.
En ese contexto, su nueva declaración adquiere una dimensión diferente.
No parece estar hablando solamente de mantener sanciones o aumentar la presión económica. Está planteando que el objetivo final de la política estadounidense es que Cuba llegue a un punto en el que el regreso al modelo actual resulte cada vez más difícil.
¿Qué significa “irreversible”?
Aquí está quizás la parte más importante de las declaraciones de Rubio.
El secretario de Estado no dijo que el gobierno cubano necesariamente desaparecerá mañana, ni anunció una fecha para una transición política.
Lo que dijo es que quiere que Cuba esté, antes de que termine la Administración Trump, en un camino irreversible hacia un futuro diferente.
Eso podría significar que Washington busca crear las condiciones políticas, económicas y sociales para que cualquier eventual transición no pueda ser revertida fácilmente.
Rubio tampoco presentó un calendario detallado ni explicó públicamente cuál sería exactamente el mecanismo para llegar a ese nuevo escenario. Por eso, cualquier interpretación sobre una eventual salida de Miguel Díaz-Canel o una transición específica debe considerarse todavía como una posibilidad y no como un hecho anunciado por Washington.
Pero el lenguaje utilizado por el secretario de Estado sí representa una señal política extraordinariamente fuerte.
El mensaje también va dirigido a los cubanos
Hay otro elemento que no debe pasar inadvertido.
Rubio es de origen cubano y ha reconocido en numerosas ocasiones su vínculo personal con la Isla. Sin embargo, en esta entrevista hizo una precisión importante: su responsabilidad como secretario de Estado es defender los intereses de Estados Unidos.
Según explicó, considera que tener una Cuba segura, estable y alineada con Estados Unidos forma parte del interés nacional estadounidense.
Esto coloca la política hacia Cuba dentro de una estrategia mucho más amplia de Washington.
Para el exilio cubano, sus palabras pueden ser interpretadas como una señal de esperanza después de décadas esperando un cambio político en la Isla.
Para quienes viven dentro de Cuba, sin embargo, la realidad es mucho más inmediata: apagones, falta de alimentos, dificultades económicas y una creciente incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir en los próximos meses.
La gran incógnita
La pregunta que queda ahora es inevitable:
¿Está Cuba acercándose realmente a un punto de transformación histórica o se trata todavía de una nueva etapa de presión estadounidense sobre el gobierno de La Habana?
Nadie puede responderla con certeza.
Lo que sí parece evidente es que la Administración Trump no está describiendo su política hacia Cuba como una simple diferencia diplomática con el gobierno de Díaz-Canel.
Washington está hablando de transformación.
Y Marco Rubio acaba de introducir una palabra que puede convertirse en el centro del debate sobre el futuro de la Isla: irreversible.
Después de más de seis décadas de gobierno comunista, la posibilidad de que Cuba entre en un proceso de transición política ya no aparece únicamente como una aspiración de sectores del exilio y de la oposición.
Ahora forma parte, expresamente, del discurso del máximo responsable de la política exterior de Estados Unidos.
La gran incógnita será saber cuándo comenzará ese proceso, quiénes serán sus protagonistas y, sobre todo, qué tipo de Cuba emergerá cuando finalmente termine.
Porque si la predicción de Rubio se cumple, la discusión ya no sería solamente sobre el final de un sistema que lleva más de 70 años en el poder.
Sería sobre qué viene después.
FOTO: La Semana


